Warner Bros Usará Una Inteligencia Artificial

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WARNER BROS Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NOS DAN MIEDITO

Estos días hemos visto, aunque con poca sorpresa la noticia de que Warner Bros usará una Inteligencia Artificial para dar luz verde a sus nuevos proyectos, para decidir qué películas salen adelante y cuáles se quedan en la guantera de sus creadores para siempre.

Según parece la IA se alimentará para tomar sus decisiones de precedentes, valor comercial de las estrellas implicadas y otros aspectos semejantes igual de pedestres y ajenos al riesgo empresarial, no digamos la expresión artística.

SUEÑOS, ALGORITMOS Y TABLAS DE EXCEL

Decía Umberto Eco que para sobrevivir necesitamos contarnos historias. Y de entre estas son las películas las que mejor se entregan a ese delicioso ejercicio de masturbación emocional que llamamos nostalgia.

Ninguna otra forma de narración ha volado tan alto como vuelan las mejores películas. El cine es el cruce de caminos donde se encuentran narración, teatro, música y talento visual entre otros recursos artísticos a la vez que industriales. Todo un espectáculo que siempre ha caminado por el estrecho desfiladero que exige rentabilidad por un lado y no hacer el ridículo por el otro.

CAPITALISMO DEL QUE MOLA, DEL QUE EMPOBRECE

La industria del cine, particularmente norteamericana, produce cada vez menos películas y cada vez más caras en un ejercicio reduccionista de la oferta y la variedad que se justifica en las elecciones del espectador que tiene, a su vez, cada vez menos elecciones disponibles en la cartelera y en sus plataformas de streaming donde se multiplican los productos clónicos con enmascarados, agentes del efebeí y anti héroes campeones olímpicos de cinismo.

Parece que hay mucho donde escoger, pero en realidad el botón del mando a distancia arde porque la mayoría de los productos son tan distintos entre sí como huevos de gallina. De la Meca de los Sueños, al Mercadona.

Acudir al multisalas del centro comercial

Ya en los años 80 Francis Ford Coppola, que algo sabe de esto, se quejaba de que si querías hacer cine te convenía más estar en Nueva York que en Hollywood porque las decisiones importantes hacía tiempo que no se tomaban en California. El negocio era cosa de contables y sus overlords corporativos que lo mismo gestionaban una fábrica de tornillos que la Universal. En muchos casos, según Coppola, ni siquiera les gustaban las películas. En esa cuesta abajo nos estamos estrellando ahora.

SIN RIESGO NO HAY MAGIA, SÓLO KETCHUP

El cine siempre ha buscado el dinero como cualquier otra industria que no vive del aire. Como cualquier otra industria, también, ha progresado a lomos de decisiones a menudo arriesgadas y a veces incluso locas. Confiar en ideas, proyectos, creadores o actores que a priori no parecían una buena para los creadores de Excel nos ha dado horrores y ruinas tanto como películas inolvidables a nosotros y fortunas a las empresas que las parieron.

El infierno

El cine implicaba riesgo y sorpresa para los que lo hacían, y para los que acudíamos a las salas. Y ese sentido de maravilla, ser sorprendido por lo extraordinario en una sala oscura con una pantalla gigante era parte clave en eso que llamamos la magia del cine. Que descanse en paz.

Ninguna IA en su sano juicio apostaría por una peli indie. Si fuera mi dinero, seguramente yo tampoco.

El problema mayor es que el software contable tampoco apostaría hoy por una nueva Star Wars. Ni por Tiburón, Matrix o Iron Man (olvidamos que en su origen Marvel asumió una peli indie que podía haber sido The Rocketeer con una estrella desahuciada por la química, la prensa y la cárcel y cuyo mayor triunfo reciente era sobrevivir en Ally McBeal).

Never forget

¿Keanu Reaves como héroe de acción? Right, hubiéramos tenido un Matrix con Jean-Claude Van Damme.

Todos los proyectos locos por los que nadie apuesta quedarán, podemos jurarlo, aparcados a favor de rejuvenecer (es un decir) a las mismas estrellas por los siglos de los siglos para que nos regalen duplicados infinitos mientras J.J Abrams disfruta de poner huevos franquiciados sin parar.

Te pagaremos para que NO lo hagas de nuevo, Will Smith.

Los prejuicios de la audiencia, en lugar de verse desafiados y superados por el talento de los creadores y la capacidad industrial que los acompaña, se verán reforzados en un círculo vicioso de mugre infinita esparcida de manera plana, perfecta e inapelable.

De haber existido en los años 30 la IA de Warner habría rechazado actores negros y hubiéramos tenido más películas de Shirley Temple de la que los niveles de diabetes mundiales hubieran sido capaces de soportar.

You don’t want to know

De haber decidido el software los accionistas de las majors quizá hubieran dormido mejor, pero ni habrían ganado más, ni nosotros hubiéramos tenido los mismos sueños cuajados de cosas que no conocíamos hasta que nos las enseñaron.

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