MURNAU, una estrella fugaz

0

POCO EXPRESIONISMO, MUCHO MURNAU

Este año se celebró el centenario de la película “Nosferatu”, la película que consagró a un genio fugaz en la dirección y en el género del terror.  Mal considerado como uno de los mayores representantes del expresionismo está la figura de Friedrich Wilhelm Murnau.

Viviendo la primera guerra mundial de primera mano en la aviación, este director tuvo sus inicios en el teatro y bajo la influencia de la pintura expresionista cargada de crítica social. De las bases establecidas por Robert Wiene con ”El gabinete del Doctor Caligari” toma lo que le interesa e inicia una carrera cinematográfica muy corta y muy virtuosa.

Su filmografía se aleja del expresionismo adoptando únicamente lo que le interesó. De ahí radica su estilo propio, en el que ya no se rueda en decorados, sino en exteriores. Además, lejos de las películas estáticas (como se estaban haciendo en aquella época), decide implementar en sus obras diferentes movimientos de cámara. También aplica a sus obras las temáticas expresionistas, pero más cercanas a la realidad (menos surrealistas) aunque con la superposición de imágenes es capaz de entrar en el mundo de los sueños y de los recuerdos. Así crea escenas imposibles, mágicas y que mejoran la narrativa, generando su estilo personal.

Por encima de todo esto, está el uso de la luz y las sombras, la luz siniestra que muestra el horror, la tristeza e insinúa sus finales drásticos. Este uso de la luz y la sombra trasciende en el cine puesto que establece una forma de generar miedo y tensión en los espectadores que se repetirá en otras películas, incluso actuales.

Además, otro rasgo característico de las tramas de las películas de Murnau es la importancia de la presencia de la mujer. Siendo en la mayoría de los casos, el personaje que más transmite sentimiento, puesto que (debido a los temas que trata) es una mujer traumada, sufrida y triste, trabajadora y en ocasiones malvada.

EL CAMINO SE HACE AL ANDAR

Gran parte de la filmografía del director está perdida, sobre todo sus primeras películas en Alemania. Las que han sobrevivido han demostrado que el genio de Murnau no nació, se hizo. Entre las que sobrevivieron se encuentra “El castillo Vogeloed” (1921), obra en la que aún no se ve ni sus movimientos característicos ni el uso de la luz. Además, no destaca por una gran variedad de tipos de planos ya que la mayoría son largos, en los que se transcurre toda la acción. Sin embargo, se ve cierto interés por la creación de ambientes. 

Todo esto cambia en 1922 cuando estrena “Phantom” y “Nosferatu”. La primera es una obra aún sencilla, casi experimental, donde se ve más movimiento y el uso de filtros de color en algunas escenas para expresar diferentes sentimientos (destaca por su guionista, Thea Von Harbou, figura importante en la filmografía de Frtiz Lang). Con la segunda alcanza la maestría de técnica y narrativa, en cuanto al terror se refiere. Nosferatu destaca por como Murnau fue capaz de crear una atmósfera que se va tornando más oscura según avanza la película a través de sus elementos estéticos y narrativos. La obra consagra a Murnau como el maestro de la luz que es.

Murnau

Sin embargo, con sus últimas películas en Alemania llega al máximo esplendor en su carrera, dándose un punto de inflexión que lo llevaría a Estados Unidos. Primero, realiza “El último”, película de maestría técnica al nivel de películas actuales. Está cargada de movimiento, tanto el de la cámara como el de los elementos en escena. La película consigue con esto contar una historia sin la necesidad del uso de interludios con diálogos, simplemente narra la historia como un mero observador sordo. Además, hace de su uso característico de la luz, esta vez para generar intriga en determinadas escenas ya que no se enmarca dentro del género de terror, es un drama social. Además es una película donde amplía el uso de diferentes tipos de plano, acercando al personaje.

MurnauAl año siguiente (1925), realiza “El hipócrita”, sencilla y corta, esta película es más revolucionaria por su historia, en la que se hace una dura crítica a la religión.

Su última película en Alemania le consagra como director expresionista, debido a que vuelve con un tema fantástico tratado desde el terror y en la que se une lo logrado con las anteriores. La película es “Fausto”(1926), en la que la oscuridad y la luz se enfrentan tanto en la trama como en el uso de la fotografía. En esta ocasión predomina los decorados, las maquetas y lo artificial, generando una atmósfera de terror y onirismo durante toda la película.

WE WANT YOU, MURNAU

Atendiendo la llamada de los grandes estudios el director va a América, donde se consagra como director internacional. En esta etapa se ve a un Murnau más experimental y de transición hacia otro tipo de cine, sin embargo no lo logró explotar debido a su muerte prematura. Realiza solamente cuatro películas y una de ellas está perdida. 

La primera película es “Amanecer” (1927), la cual hace de nexo entre su etapa alemana y hollywoodiense y con la que consigue realizar una obra maestra, en la que todo lo aprendido anteriormente se una en una película que mezcla tanto el onirismo de Fausto como la crítica social de “El último”. Se nota en ella la libertad que le da el estudio para hacer la película y los recursos que le ofrecen. El filme está al nivel técnico por el que se le reclamaba y que mantiene durante todas las películas siguientes, sin embargo, esta es su última película de rasgos expresionistas.

Su siguiente cinta es “El pan nuestro de cada día” (1930), en la que se acerca a las peticiones de los estudios y de los espectadores creando una historia de amor que olvida toda influencia expresionista, pero aún así consigue realizarla con su estilo más técnico.

Su último filme es “Tabú” (1931), una obra muy experimental en la que viaja a Bora Bora pretendiendo hacer un documental, pero se convierte en una historia de amor y un retrato de las costumbres de los indígenas.

Con una carrera en América por delante pero truncada por la muerte, al más puro estilo del Murnau expresionista, nos deja con la duda de lo que podría haber hecho allí, como lo que lograron Lubitsch o Fritz Lang. Un genio efímero que nos deja con la miel en los labios.

 

Si te ha gustado te recomiendo que leas nuestra crítica de TRES.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.