TDAH en adultos – ¿Un cerebro que funciona a otro ritmo?

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TDAH: FUNCIONANDO A OTRA VELOCIDAD

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo iniciado en la infancia. Estamos ante un trastorno controversial en el que parece dirimirse una lucha de bandos a favor y en contra de su categorización como trastorno e incluso de su existencia como tal. Numerosos profesionales de la salud mental denuncian una tendencia a la psicopatologización culpando a intereses comerciales de la industria psicofarmacéutica. A pesar del énfasis puesto en las categorías diferenciadas, el diagnóstico del TDAH sigue siendo confuso y motivo de severas discrepancias en la comunidad científica.

Se ha considerado durante mucho tiempo un trastorno propio y exclusivo de la infancia y la adolescencia, sin embargo los síntomas y el impacto funcional del TDAH no siempre desaparece al llegar a la edad adulta y el trastorno puede persistir en más del 50% de los casos. Se asocia con un impacto importante a nivel clínico, funcional y de calidad de vida.

Según los resultados presentados en la revista The Lancet Psychiatry el estudio más amplio que se ha realizado sobre la cuestión en la que han colaborado médicos y neurocientíficos de once países, después de analizar con resonancia magnética los cerebros de 1.713 personas diagnosticadas de TDAH y compararlos con los de otras 1.529 personas sin el trastorno se han detectado diferencias significativas en cinco estructuras distintas del cerebro.

Aceptando la existencia de esta categoría diagnóstica los datos llevan a afirmar que en la edad adulta existe un importante infradiagnóstico y un tratamiento desenfocado. A menudo estos pacientes se ven envueltos en una espiral de diagnósticos y medicaciones que lejos de mejorar su calidad de vida la empeoran. Un estudio epidemiológico realizado a nivel internacional en la población general, señala que la prevalencia del TDAH en adultos es del 3,4%. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de estos adultos con TDAH no están diagnosticados.

Otro aspecto en el que prevalece la controversia es en el tratamiento farmacológico. El carácter crónico e irreversible de la situación patológica obliga a un tratamiento continuado con diferentes psicoestimulantes como el metilfenidato. Una batalla con muchas hipótesis y a lo mejor ninguna verdad absoluta. Un diagnóstico de este tipo no siempre es acertado pero en muchos casos puede ser un facilitador para seguir una línea más adecuada y mejorar la vida del paciente. Falta mucho para conocer el funcionamiento del cerebro de una manera fehaciente o a lo mejor es imposible.

En cualquier caso la etiqueta de TDAH no debe ser una losa que estigmatiza y sí un punto de origen desde el que avanzar hacia un mejor conocimiento y artefactos terapeúticos lo más certeros posibles. A modo de ejemplo desestigmatizador, y alejando el efecto losa que a veces recae en las personas diagnosticadas, Steve Jobs, el psiquiatra Luis Rojas Marcos, Bill Gates o el director de cine mexicano Alejandro González Iñárritu se han desmarcado en apariciones públicas reconociendo y hablando sin tapujos de su condición de TDAH.

Evidentemente el TDAH no es un premio pero tampoco un problema que te anquilosa inevitablemente en una situación inescapable. Son muchos los estudios que han encontrado un alto porcentaje de correlación entre niños diagnosticados de TDAH y altas cuotas de creatividad.

Adentrarse en lo que pasa por la mente de cualquiera es demasiado descomunal e insondable, podemos hacer conjeturas plausibles, tratar de acercarnos lo máximo posible pero nunca obtendremos una copia exacta o lo suficientemente exacta como para transcribir lo que ocurre.

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