Syd Barrett – ¿Un genio loco no tan loco?

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Syd Barrett - Creative Katarsis

EL PARADIGMA SYD BARRETT

Syd Barrett es un caso paradigmático. Diferentes investigaciones demuestran la relación existente entre la genialidad y la locura. Pero cuando se da cita ese explosivo binomio no siempre es un camino agradable. Nace en Cambridge en 1946 en el seno de una familia acomodada relacionada con el arte. Creador de Pink Floyd, de su sonido, su esencia, incluso su nombre, un visionario de la música que sentó las bases del rock psicodélico en el Reino Unido de los sesenta. Cuando su cabeza empezó a jugarle malas pasadas prescindieron de él. Podía pasarse un concierto tocando la misma nota.

Se ha escrito mucho sobre su supuesta enfermedad mental, convirtiéndose en un caso controvertido y de fascinante indagación. Se le ha atribuido una infinita lista de problemas mentales, coronada por una supuesta esquizofrenia y una compulsiva adicción a los psicotrópicos, destacando el LSD. Lejos del morbo y de la ‘idealización’ de cualquier tipo de enfermedad mental Syd Barrett fue un tipo que sufrió y, sin embargo, creó un producto de incuestionable calidad y posterior influencia en diferentes disciplinas artísticas.

A veces alrededor de su cabeza no había nadie, solo una multitud que lo admiraba de la misma manera que no podía comprender su comportamiento. Utilizó la música como vehículo de expresión de la enormidad que sucedía en su mente. Cantante, guitarrista y compositor de la banda inglesa Pink Floyd en su primer y revolucionario álbum The Piper at the Gates of Dawn (1967) y la creación de un par de álbumes en solitario.

Se ha debatido mucho sobre una supuesta esquizofrenia, algunos especialistas en salud mental han manifestado que su conducta no encajaba en el perfil típico de esta afección. Tratando de ser más precisos cumplió los criterios diagnósticos de un síndrome de Asperger. Es la hipótesis de un estudio italiano publicado en Archives of Psiquiatría encabezado por el presidente de Peter Pan Onlus Mario Campanella y la psiquiatra Donatella Marazziti.

En el riguroso estudio que realizaron de etapas más tempranas, interacciones sociales y personalidad concluyeron que probablemente padeció algún tipo de autismo, en concreto un Síndrome de Asperger. “Syd manifestó, aun antes de su incursión en las drogas, cómo el abuso al LSD, todos los signos de algún tipo de Autismo – escriben Campanella y Marazziti – un mundo diverso en el que, debe quedar claro, hay muchas condiciones que son compatibles con la normalidad.”

“La hipótesis de la esquizofrenia es desmentida por estos autores, ya que en los estudios anteriores no se consideraron que los episodios alucinatorios o de delirio estaban en realidad asociados a su alto consumo de Mescalina y LSD, y no repararon la existencia de una condición prevía. Barrett -continua Campanella y Marazziti- fue examinado superficialmente por el psiquiatra Ronald D.Laing, quien fue traído por Roger Waters, uno de sus compañeros y amigos en la banda, pero éste no pudo hacer un diagnóstico claro ni definitivo, dando cuenta simplemente del daño irreversible a causa de su sobredosis de LSD aquel trágico fin de semana de 1968″.

De igual manera se ha especulado sobre si su abusivo consumo de LSD actúo como precipitador de parte de su sintomatología más saliente, sin embargo según se desprende de diversas fuentes cercanas ya había aparecido con anterioridad. Es muy difícil delinear los contornos de la locura y no podemos adivinar qué tipo de creador hubiese sido Syd Barrett sin el binomio enfermedad mental-psicotrópicos, ni siquiera dilucidar si habría surgido realmente algo cualitativamente distinto. Sí podemos aseverar que Pink Floyd no habría existido de la forma en la que lo hemos conocido ni los fecundos caminos que luego tomó la psicodelia y su posterior influencia en la música.

En estos casos paradigmáticos por mucho que vayas hacia atrás no siempre puedes llegar a un origen clarificador. Se excluyó del mundo, dicen que acabó recluido en una habitación junto a su madre durante los últimos 20 años, cuidando su jardín, pintando. Devorado por un cáncer de páncreas y una diabetes que le minaba irremediablemente. Quién sabe qué pasaba por su cabeza.

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