Retorno al Salem’s Lot de Stephen King (Parte 1)

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[…] Jerusalem’s Lot es una pequeña ciudad situada al este de Cumberland y a treinta kilómetros al norte de Portland. No es, en la historia americana, la primera ciudad que muere y desaparece y probablemente no será la última, pero es una de las más extrañas. Los pueblos fantasma son comunes en el sudoeste norteamericano, donde las comunidades crecieron poco menos que de la noche a la mañana en torno de ricos filones de oro y plata para desaparecer después casi con la misma rapidez a medida que las vetas se agotaban, dejando que las tiendas, los hoteles y los saloons se pudrieran, vacíos, en el silencio del desierto. […] (El misterio de Salem’s Lot, Stephen King, 1975).

El párrafo está sacado directamente de la segunda novela del mal-llamado “Maestro del Terror” STEPHEN KING. Digo mal-llamado porque si bien es cierto que, literariamente, ha trascendido su faceta más terrorífica, King es un prolífico escritor que ha publicado multitud de obras de diferentes y dispares géneros: la novela policiaca en su más reciente trilogía (“Mr. Mercedes” en 2014, “Quien pierde paga” en 2015 y “Fin de guardia” en 2016); también ha tocado el ensayo como con “Danza Macabra” (1981) o “Mientras escribo” (2000), así como el suspense en “22/11/1963” (probablemente una de sus novelas más redondas y de las mejores en el amplio espectro de los viajes en el tiempo y de las ucronías). Circunscribir a King dentro del género literario del terror es recortar en demasía las alas a uno de los creadores más prolíficos en los últimos cuarenta o cincuenta años. Él mismo cuenta, jocoso, como en una convención literaria fue acusado por una encendida fan de escribir pornografía y no buenos relatos como el de la película “Cadena perpetua” (por si queréis saber cómo la puntúan en IMDB). La paradoja que no pudo explicarle ni convencerla de lo contrario nuestro escritor es que dicho film está basado en la novela “Rita Hayworth y la redención de Shawshank”, incluida en su recopilatorio “Las Cuatro estaciones” (1982).

Pero antes de continuar una palabra sobre Tabitha.

Tabitha King, la mujer detrás del monstruo.

TABITHA JANE SPRUCE conoció al que luego sería su marido mientras ambos asistían a la Universidad de Maine. Con apenas ventipocos años, un siete de enero de 1971 se casó con Stephen King. También es escritora y activista en su ciudad natal. Indudablemente, es la fuerza motora detrás del monstruo. Cuando Stephen King completa escritos, bocetos y demás, es Tabitha la escogida como “lectora cero”. En sus primeros años, hubo uno que King desestimó y tiró a la basura, uno que trataba sobre una joven inadaptada que tenía poderes psíquicos. Su paciente esposa lo recuperó de la papelera y animó al novel escritor a finalizarlo. Retitulada “Carrie” fue enviada a la compañía editorial DOUBLEDAY y… el resto es historia. Poco tiempo después recibió una oferta de compra con unos 2500 dólares de adelanto. Posteriormente los derechos del manuscrito fueron vendidos por 400.000 dólares (de los que King se llevó la mitad). El nombre de Stephen King empezó a pulular por el mundo como autor de terror, y ya su segunda novela, “El Misterio de Salem’s Lot”, publicada el diecisiete de octubre de 1975 vendió, en su edición de bolsillo, más de dos millones de copias en menos de seis meses. Luego vendrían “El Resplandor”, “El umbral de la Noche”, “La Danza de la Muerte”, la archiconocida “It”, etc… Stephen King estaba en racha, y fue porque Tabitha recuperó un manuscrito desechado que se convertiría en el punto de partida de la enorme obra de King. Así que, desde aquí, vaya nuestro reconocimiento por Tabitha King.

Carrie Stephen King
Carrie, el origen de todo; primera edición firmada por el autor.

El Clan King, o el gen de la palabra escrita.

Aparte, Stephen King y su esposa Tabitha, han tenido tres hijos: Naomi Rachel King en 1970, Joe Hill en el 1972 y Owen King en 1977. Los dos varones han continuado con la tradición familiar de escritores. El primero se ha hecho su lugar con obras que ya son referentes como “El traje del muerto” (2007), “Cuernos” (2010)  o “NOS4A2” (2013) o los comics de “Locke & Key”, junto al dibujante chileno Gabriel Rodríguez. Nacido como Joseph Hillstrom King, optó por la forma abreviada de su nombre por su deseo de ser reconocido por sus propios méritos, en lugar de por “ser el hijo de Stephen King”. Y, actualmente, es considerado uno de los autores más interesantes y renovadores del género.

Owen, por el contrario, ha mantenido el apellido de su afamado padre, a pesar del peso y de la responsabilidad que ello conlleva. Ha publicado un solo libro en 2005, titulado “Todos a una”, una colección de tres relatos y una novela corta. En 2017, publica en colaboración con su padre, el libro “Bellas durmientes”, un relato de terror y ciencia ficción en el que las mujeres del mundo comienzan a sufrir una extraña enfermedad que las hace caer en un sueño profundo, envueltas en un extraño capullo. La enfermedad, apodada Aurora, también confiere a las mujeres una rabia asesina que atacan y matan a cualquiera que intente abrir el capullo.

Stephen King familia
El Clan que más historias de terror ha generado.

Dentro de la mente de Stephen King: los procesos creativos del monstruo.

La idea surgió de una conversación que tuvo Stephen King con su esposa Tabhita sobre el clásico Drácula. ¿Qué habría pasado si el conde hubiese viajado a New York en vez a Londres? La batería de respuestas iba de lo disparatado a lo hilarante: habría sido atropellado por un taxi, o habría acabado detenido por el FBI… La idea quedó fermentando en la mente de Stephen King y empezó a ampliar el espectro de posibilidades ¿y si en vez de una gran metrópoli, el vampiro eligiese una región rural y desolada? Para hacernos una idea de los procesos creativos de determinada gente, recordemos de dónde salió la idea de otro de nuestros monstruos favoritos.

Durante el verano de 1816, Mary Shelley y su marido, Percy Bysshe Shelley, visitaron a su amigo Lord Byron y a su médico personal, John Polidori, que por entonces residían en Villa Diodati, en Suiza. Después de leer una antología alemana de historias de fantasmas, el autor romántico retó a sus invitados a escribir una historia de terror. Solo Polidori completó una historia aunque la simiente de la idea penetró en la mente de Mary Shelley que, años después, finalizó bajo el nombre de “Frankenstein o el Moderno Prometeo” (1818). Un año después, John Polidori publicó la que sería la primera referencia literaria de nuestro otro monstruo favorito, “El vampiro” (1819). De allí vinieron las primeras ideas y bocetos, que irían apareciendo en aquellos años, como “Carmilla” de Sheridan Le Fanu, en 1872. Y unos años después, un crítico teatral de origen irlandés llamado Bram Stoker escribió, recogiendo las influencias anteriores, la obra canónica de vampiros, el celebérrimo “Drácula” (1897).

El personaje perfilado por Stoker ha entrado y salido a lo largo del siguiente siglo dentro del imaginario colectivo. A nivel literario, hay referencias tangenciales como en “Soy Leyenda” de Richard Matheson (1954). En 1975 King irrumpe de nuevo con su segunda novela, para retomar el género del vampiro y darle una vuelta de tuerca. A partir de ese momento, el chupasangre, que nunca se había ido pero que no había vuelto a brillar, vuelve a reaparecer en literatura: “Entrevista con el Vampiro” de Anne Rice aparece un año después, en 1976. “El tapiz del vampiro” de Suzy McKee Charnas (1980) es, quizá, la más psicológicamente inquisitiva (no en vano, el protagonista, Edward Lewis Leyland es un antropólogo). “El ansia” de Whitley Strieber (1981) o la más punk-goth “El alma del vampiro” de Poppy Z. Brite (1992) (una mala traducción del título original “Lost Souls”) son algunos de los nuevos títulos a los que dio paso la segunda novela de Stephen King. (Y no, no vamos a hablar de la infame saga “Crespúsculo“).

Pero volvamos al agradable pueblo de Jerusalem’s Lot.

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