¿Qué es el «posthumanismo»? ¿Y el «transhumanismo»?

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Posthumanismo

POSTHUMANISMO Y TRANSHUMANISMO

¿Qué es lo que nos hace humanos? ¿Es posible el posthumanismo como sociedad sin humanos? Para Aristóteles, quien carece de ciudad está por debajo o por encima de lo que es el hombre. Según el filósofo, nos diferenciamos de los animales por la palabra. Otros animales tienen voz y se comunican, pero el discurso nos permite diferenciar entre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, etc. Esta participación es lo que da pie a la familia y la ciudad. 

Si todas las cosas se definen por su obra y sus efectos, es lógico pensar que, cuando cambian, ya no podemos referirnos a ellas como tal. Y, en consecuencia, la naturaleza es anterior al individuo. Aristóteles afirmaba que “si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político en la misma relación que las otras partes lo están con su respectivo todo.” Entre los hombres existe esta tendencia a formar unidades.

Hannah Arendt recupera gran parte de este pensamiento, quien decía que el ser humano estaba condicionado por tres factores: la labor, el trabajo y la acción. La primera está relacionada con la actividad biología (crecimiento, metabolismo, comer, dormir, etc.), mientras que la segunda es la actividad a lo no natural de la exigencia del hombre (la utilización de los objetos para crear cosas) y, por último, la acción, que es el discurso, el cual está ligado a lo político y tiene sentido porque vivimos en sociedad con otras personas. Esta última es la más relacionada con la condición humana y solo tiene sentido si entendemos la pluralidad: nadie es igual. Todos somos diferentes y el recién llegado siente la necesidad de crear algo nuevo. 

La labor, el trabajo y la acción son condiciones humanas que, a su vez, están condicionadas por la natalidad y la mortalidad. Estas pertenecen a lo que Hannah Arendt llamaba la vita activa, mientras que lo que hacemos cuando no estamos laborando, trabajando o actuando, es la vita contemplativa, que tiene que ver con el pensar. 

Al ser seres mortales sentimos esa necesidad por crear cosas imperecederas y ser parte de algo por nuestro deseo a la inmortalidad.

Todos los avances que hemos conseguido a lo largo de la historia se deben a nuestra propia condición humana, que a su vez han sido gracias a nuestra capacidad de pensar e innovar. Desde este punto de vista, es inevitable pensar en la importancia de la imaginación para que surjan ideas nuevas que puedan llegar a convertirse en cambios reales.

La relación entre el humano con la naturaleza o lo tecnológico ha abierto el debate sobre qué implica ser humano y si es posible superar el humanismo y cambiar las condiciones humanas, una corriente de pensamiento denominada como «posthumanismo».

En el género de la ciencia ficción se reflexiona sobre qué es lo que hace a alguien humano explorando las posibles consecuencias del desarrollo de la inteligencia artificial, donde los androides tienen autonomía y conciencia propia. En Detroit: become human, por ejemplo, los androides, a pesar de tener conciencia propia, trabajar, interaccionar con los humanos, organizar manifestaciones, etc., dentro del mundo de este videojuego no son considerados como humanos. Por eso estos androides carecen de derechos fundamentales. 

Si bien no tenemos androides con emociones y sentimientos, sí hemos creado una realidad cibernética “construida a través de la incursión en el mundo de un sistema computacional infinito, fragmentado e invisible que abarca todas las esferas de la vida”, según Éric Sadin. 

Como sociedad, nos vemos obligados a adaptarnos a estas nuevas tecnologías, aunque hayan sido creadas por nosotros mismos. Marc Mela afirma que las nuevas tecnologías vienen de la mano de dispositivos y algoritmos que deciden por nosotros. En este proceso de homogeneización, cabe la posibilidad de que la nueva humanidad no sea política al evitar el conflicto y estar dominada por una serie de automatismos. Del humanismo al posthumanismo. En este supuesto, las condiciones humanas (labor, trabajo y acción) cambiarían. Algo parecido a la película de animación infantil WALL-E, donde el planeta Tierra se vuelve inhabitable y los humanos terminan viviendo en una nave donde todo está automatizado por los robots.

Este cambio en las condiciones humanas es más evidente en el transhumanismo. Según describe Gilbert Hottois:

“El transhumanismo quiere creer que la humanidad -la condición humana- será cambiada de manera radical por la tecnología, en tanto se irán ampliando progresivamente sus limitaciones: en materia del envejecimiento y de la longevidad indefinida de la vida, el incremento en desempeño de las capacidades cognitivas y morales, la supresión de todo sufrimiento no querido, y el fin del confinamiento en el planeta Tierra.”

El posthumanismo no solo trata el campo tecnológico. Rosi Braidotti afirma que, en los años 60, los movimientos sociales como el feminismo, el antirracismo, anticolonialismo, movimientos pacifistas, etc., fueron antihumanistas como respuesta al fascismo y el marxismo-leninismo; estos movimientos sociales han traído consigo políticas radicales, teorías sociales y nuevas epistemologías.

Para la autora, este antihumanismo puede conducir al posthumanismo. Por ejemplo, el postmodernismo feminista propone nuevas alternativas de mirar lo humano desde un punto de vista más inclusivo. Y dice lo siguiente:

“Hemos desarrollado nuevas posibilidades fascinantes, como por ejemplo la manipulación genética, pero nuestros valores, nuestras representaciones y nuestras formas de comprender todavía están atadas a concepciones antiguas del ser humano. Tenemos que ser valientes y discutir conjuntamente, de forma democrática y crítica, en qué queremos convertirnos. Qué somos capaces de devenir.”

Una forma de pensar posthumana es, por ejemplo, superar la dicotomía de género hombre y mujer.

Bruno Latour afirmaba que no hay nada verdadero en los hechos científicos, ya que lo que conocemos como naturaleza esta realmente subordinada a nuestra cultura. Entonces, los hechos científicos no serían objetivos, pero tampoco relativistas, sino que serían un híbrido: cuasi-objetos. Esta alianza entre humanos y objetos puede dar lugar a nuevas subjetividades.

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