PORNO: películas que no lo son pero que tienes que ver.

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¡PORNO! Su sola mención es un magnífico catalizador de las emociones humanas. Y eso es así de simple. Tan simple como eso: A mí me gusta el Porno. Veréis como en seguida os miran; os miran y os juzgan. Así de simple. Y ahora viene lo que nadie ha dicho. Todo el mundo mira Porno. Se mira, se toca, se palpa, se saliva, se humedece, se lubrica, se escucha Porno. Porque está así, implícito en nuestros genes. Venimos del sexo, tenemos sexo. Y el porno, se ve, se lubrica, se siente. Los ojos están para ver, y el porno es lo que tiene, que potencia nuestra vertiente más voyeur: ver sin ser visto. Y aquí está la otra gran verdad del Porno: si alguien os dice que nunca, jamás, ha visto porno… desconfiad de él/ella, está mintiendo como un/a bellaco/a. Como decía Jack Sparrow:

Honestamente, es con los honestos con los que hay que tener cuidado.

LOVELACE Y LA ASCENSIÓN DEL PORNO.

Os establezco un marco temporal. La Guerra de Vietnam había entrado en su etapa más jodida y aquello supuso un revulsivo para la sociedad de entonces. En primer lugar, fue una Guerra que no sufrió de censura informativa, y, por ese mismo motivo, fue de las que más difusión tuvo en los medios de comunicación. Los americanos cambiaron el punto de vista que tenían sobre sí mismos. No, no eran el faro de occidente y no, no era su lucha para proteger al mundo del avance del Comunismo. Indochina, lo que hasta entonces había sido la Indochina francesa, respondió y le dio una bofetada a los guardianes de la libertad, haciéndoles recular a llorar a su casa. Marines, Boinas Verdes, SEALs, millones de dólares de presupuesto militar no sirvieron de nada y no pudieron evitar que el David del Vietcong (amarillos enfundados en un pijama negro con un AK-47 y un trozo de caña de bambú vaciado a modo de mochila) le diera una patada al Goliat del Tio Sam.

Años después, en 1987, el periodista Tom Wicker escribió un artículo muy crítico en el New York Times con respecto a la política exterior y el plan de paz del gobierno de Reagan para Nicaragua. Pero, da igual cuando leas esto… Básicamente, lo que dice el artículo en sus párrafos finales es lo siguiente: ”[…] Cualquiera que sea su doctrina, los Estados Unidos no tienen ningún derecho histórico o divino para llevar la democracia a otras naciones; y un propósito semejante tampoco justifica el derrocamiento de los gobiernos que no le gustan. […]”

Volvemos a principios de la década de los 70’s. 1972 fue “El Año”. Manson había asestado la puñalada definitiva (tanto en el sentido literal como en el figurado) a aquella idílica e inocente época de finales de los 60’s y principios de los 70’s. Se acabó el Flower Power y sus iconos; Woodstock fue en el 69 y ya había pasado, Jimmi Hendrix murió en septiembre de 1970, Janis Joplin, al mes siguiente; Jim Morrison el nueve de julio de 1971… Toda una gran generación de músicos que se iban uniendo al “Club de los 27”. Por aquí, por aquellos entonces, “disfrutábamos” de una autarquía y de una dictadura impuesta por el enano monórquido de El Ferrol: Policía Política, Proceso de Burgos, y la gente que cruzaba la frontera hasta Biarritz para ver la película aquella de la mantequilla, “El último tango en París” (1972), de Bernardo Bertolucci.

El Club de los Malditos, el Club de los 27.

Gerard Damiano escribió y dirigió una película que, en principio iba a ser otra más, pero que tuvo un éxito inesperado y lanzó el Cine Porno a la cara de todos los puretas. “Deep Throat” (Garganta Profunda) fue una película protagonizada por Linda Lovelace y Harry Reems. Para que os hagáis una idea de lo que fue esta película, a nivel económico, por ejemplo: tuvo un presupuesto de producción de 47000 USD y se estima que tuvo una recaudación de unos 600 millones. La administración del por entonces presidente Nixon hizo todo lo posible por impedir que la película se proyectase (tal era la demanda que la película pasó de proyectarse en locales clandestinos a salas de cine comerciales). Precisamente Nixon, Richard Nixon; el presidente que cayó por el escándalo Watergate y el confidente que ayudó a los reporteros Bob Woodward y Carl Berstein, no era otro que el agente del FBI William Mark Felt (apodado, en efecto, Deep Throat) – paradojas de la vida.

Lovelace” es una película de Rob Epstein, estrenada en el festival de Sundance en enero de 2013. Como biopic de Linda Lovelace, Amanda Seyfried nos ofrece una convincente interpretación de la malograda actriz porno y aunque adolece de profundidad y de pulso narrativo en muchas ocasiones, sí puede valernos como primer acercamiento a la figura de la primera gran estrella del cine de adultos. Mucho se ha hablado y mucho se ha escrito sobre la película. La misma Linda Lovelace, años después, se convirtió en activista anti porno, y publicó una suerte de memorias bajo el título de “Ordeal” (1980), donde relata que lo que vemos en pantalla es, en realidad, la violación de una joven amenazada a punta de pistola. Tenéis otro libro llamado “El otro Hollywood” de Legs McNeil y Jennifer Osborne. En los primeros capítulos – por medio de multiples entrevistas con los protagonistas – vamos construyendo, eslabón a eslabón, la historia oral de aquellos años. Y en esos primeros capítulos, vemos las dos caras de la moneda, de lo cuenta Linda Lovelace y de lo que cuenta Chuck Traynor (el que fuera su descubridor y marido hasta 1973). En todo caso, abrid vuestros ojos de voyeur y mirad, mirad que para eso los tenéis.

DIRK DIGGLER Y EL CETRO DEL CINE ADULTO.

De modo que, con la película mencionada anteriormente, “Garganta Profunda” el porno ha saltado del secretismo y de la clandestinidad a los cines “ordinarios”. Y sí, obviamente, todavía había gente que se sentía ofendida. Esto no es nada nuevo. A fecha de hoy sigue ocurriendo. Recordemos como hay una siniestra organización llamada “Asociación Española de Abogados Cristianos” que ejecutó una caza de brujas contra el actor Guillermo Toledo por “presunto delito contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos”.

El asunto es que una vez que “Deep Throat” dio el pistoletazo de salida, el Porno estaba en todas partes… Al año siguiente, el siguiente trallazo: “The Devil in Miss Jones”, también de Gerard Damiano, esta vez con Georgina Spelvin. Y también “Tras la puerta verde”, dirigida por Artie Mitchell y Jim Mitchell, en este caso protagonizada por Marilyn Chambers (¿adivináis quién fue su segundo marido? Pues un tal Chuck Traynor). Estas tres películas forman parte del Golden Age del Porno, aquel tipo de cine que pasó de la clandestinidad a las salas comerciales. Y entonces apareció él, el Rey, y llevaba su propio cetro (no sé si me entendéis).

John Curtis Estes, que así se llamaba en realidad, entró en el mundo del porno como John Holmes y, a fecha de hoy el tamaño de su herramienta sigue siendo objeto de debate. Ah, por cierto, aquí va otra de las grandes verdades del mundo y de la vida: todos los hombres se la han medido alguna vez. Pues cuenta la leyenda que un día de esos en los que se la estaba midiendo, el bueno de John Curtis decidió que iba a dedicarse al mundo de cine para adultos. Se habla de más de 2000 películas, más de 10000 mujeres, se habla de 10, de 12 e incluso de 13 pulgadas y media. Lo que si es cierto es que del hombre que pudo tenerlo todo, acabó sus días como un pingajo drogadicto que se prostituía, que flirteó muchas veces con el delito, que filmó sus últimas escenas sabiendo que era seropositivo y que murió en 1988 por complicaciones derivadas del SIDA.

Porno
John Holmes, el cetro del Porno.

Más esperanzador es el final de “Boogie Nights” (1995), la segunda película de Paul Thomas Anderson. Mark Wahlberg da el pego y nos ofrece una interpretación convincente como Dirk Diggler, la fulgurante estrella que crece bajo la atenta mirada de director porno Jack Horner (un espléndido Burt Reynolds). Un montón de personajes secundarios entrañables, participación de innumerables estrellas del cine adulto. De hecho, hay dos partes claramente diferenciadas en el desarrollo de la película (***ATENCIÓN, DESTRIPANDO ARGUMENTO***). El asistente del director, Little Bill (William H. Macy) pilla constantemente a su mujer follando con otros hombres, incluso en público. En la fiesta de fin de año, Little Bill la vuelve a pillar, se dirige a su coche, coge un revolver, mata a su mujer y a sus amantes y, seguidamente, se suicida… Ese es el punto de inflexión de “Boogie Nights”, el fin de la inocencia, porque hasta entonces, todos los participantes de la película vivían en una suerte de sueño hippie tardío, amor, drogas, sexo, la feliz familia americana. A partir de ese momento, la segunda parte del rodaje se convierte en un descenso a los infiernos de Dirk Diggler (y es, básicamente, la historia de John Holmes). Como anécdota, la actriz que hace de mujer de Little Bill es Nina Hartley (actriz, directora y activista a favor del Porno, que sigue en activo desde 1984).

ZACK Y MIRI: NI TAN PARÓDICA NI TAN DESCABELLADA.

El mundo del Porno se ha convertido en la Otra industria del Entretenimiento, en el Otro Hollywood. Y al igual que en el cine “convencional” hay multitud de géneros, en el Porno ocurre lo mismo. Y sí, efectivamente, lo que conozco de Porno… Lo leí en un libro. ¡Claro que sí, guapi! El asunto es que he consumido el Porno en sus diversas ofertas, desde Deep Throats hasta Gangbangs, desde el estilo gonzo al refinamiento del Porno Chic de Michael Ninn, y también he consumido la escuela europea de Mario Salieri o Rocco Siffredi

En el “Cine Convencional” uno de los géneros que más me gusta son las “Spoof movies”, las películas de parodias, malas a rabiar, pero encantadoras a su absurda manera. En el Porno ocurre lo mismo, y tenéis títulos tan desopilantes como “Penetrator II” (sin una primera parte), “Xyrano de Bergerac” o “Eduardo Manospenes”. La cuestión es que cuando un par de perdedores se ven en la situación límite de decidir entre dignidad o comida, optan por grabar una porno casera, género que cuenta con gran aceptación, porque, admitámoslo, nos gusta mirar y sentimos curiosidad por ver al vecino de al lado en la intimidad. Seth Rogen y la dulce Elizabeth Banks son ese par de perdedores y bajo la dirección de Kevin Smith, se ven abocados a esa situación en la octava película del director, “¿Hacemos una porno?” (2008). Entre los títulos que manejan para hacer la parodia está, en efecto, “Star Whores”.

Star Whores, reparto al completo con Kevin Smith.

Enredos amorosos aparte, a medio camino entre el drama y la comedia romántica, señalar que en efecto, si hubo una parodia de la película de George Lucas: “Sex Wars” (1980), de Bob Vosse, en una época del Porno en la que todo valía; imaginaos los decorados de papel albal y cartón piedra… Pero la otra gran aportación a la peli de Smith es la aparición de la muy grande Traci Lords, una de las grandes del Porno en los 80’s. Esta actriz saltó a la fama cuando se descubrió que toda su aportación al cine de adultos había sido grabada cuando era menor de edad, generando uno de los escándalos judiciales más sonados de la industria. Desde hace años, Traci ha dado el salto al cine convencional con papeles en películas como “Cry Baby” (1990), junto a Johnny Deep, “Blade” (1998) junto a Wesley Snipes o la cinta que nos ocupa. Y como os podeis suponer, si es de Kevin Smith, no puede faltar Jason Mewes (nuestro querido Jay).

¡Pero no se vayan todavía, aún hay más!

Puedes seguir informándote de Cine, en nuestra sección correspondiente.

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