The Orville: Zumo de MacFarlane listo para consumir

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ORVILLE
No vuelvo a proponer jugar un strip poker en la holocubierta

The Orville: La serie más personal de MacFarlane

The Orville es un ejemplo perfecto de algo que esperas con muchas ganas, cuando empieza piensas que no es lo que querías y cuando acaba te quedas preguntándote cómo has podido vivir tantos años sin algo así.

The Orville es un producto con el evidente sello de Seth Macfarlane, su creador, productor y protagonista. MacFarlane es un tipo que no gusta a todo el mundo pero que tiene la indudable virtud de ser un tipo muy inteligente al que le gusta hacerse pasar por estúpido y recurrir al humor más salvaje y básico para hacer profundas reflexiones filosóficas o recrear ácidas polémicas.

Cuando creó Padre de Familia muchos consideraron que simplemente era una copia de Los Simpson pero más chabacana y con menos gracia, el hecho es que casi 20 años después los pupilos de Matt Groening son más cautos con lo que dicen de los pieles rosas, ha habido un crossover entre ambas series y, mientras la opinión generalizada es que la calidad de la familia amarilla cae en picado temporada tras temporada en cuanto a calidad, Padre de Familia sigue con el mismo ímpetu año a año… A quien no le gustara en su origen muy probablemente seguirá sin gustarle, pero al que se haya enganchado no se la podrás quitar.

MacFarlane nos ha sorprendido además con cada decisión que ha tomado en su carrera, primero hizo spinoffs de su serie matriz (con éxito dispar), luego se metió en el enorme jardín de retomar una serie documental mítica como era el Cosmos de Carl Sagan, darle un lavado de cara y que toda la comunidad científica, educativa y el espectador ajeno a ellas quedara fascinado por un producto tan bien hecho que le permitió abrirse las puertas que le faltaban en Hollywood.

Su talento como actor quizá no sea equiparable a su faceta de productor y guionista, pero sumada a su más que admirable capacidad vocal (recordemos que comenzó doblando a más de un personaje de Padre de Familia incluso cuando cantaban por temas de presupuesto) le permitió algo insospechado, presentar la ceremonia de los Oscar de 2013 con una combinación de humor y música memorable (es la única gala que me he tragado completamente en directo desde que ganó Almodóvar su Óscar) y que lamentablemente él mismo ha prometido que no se repetirá pese a los repetidos ruegos de ABC.

Sin lugar a dudas MacFarlane es un tipo camaleónico.

Pero bueno, después de dejar patente mi enorme admiración por Seth (hay confianza) ya podemos ponernos con su última creación: The Orville. Una space ópera con evidente inspiración trekkie tanto en vestuarios como en decorados y espíritu, pero en la que la Federación es sustituida por una Confederación regentada por Manolo y Benito.

No es una serie perfecta, ni siquiera es una serie perfeccionista, pero me parece tan evidente que esas imperfecciones tienen un propósito en la trama o en la ambientación que me atrevería a decir que la imperfección en sí misma es el propio leit motiv de la serie. Personajes imperfectos, tanto los humanos como los que no lo son, que siempre muestran sus carencias, sus incompletitudes, sus prejuicios, su incapacidad de adaptarse a un universo que es tan grande y diverso que no hay nada inconcebible. No pueden estar más alejados del estereotipo de perfección de Star Trek y sin embargo no puede ser un homenaje mejor a la serie que lo empezó casi todo en ciencia ficción espacial.

The Orville desarrolla como se podía suponer la temática científica y espacial habitual en la ciencia ficción con base real que tanto le hace asemejarse a Star Trek, pero más como un soporte en el que entretejer otras temáticas mucho más humanas, llegando a albergar en alguno de sus episodios notables ensayos de crítica social como en “Majority Rule” donde un planeta tiene como base de su ordenamiento jurídico los “me gusta” o “no me gusta” de una red social todopoderosa, o el episodio “About a Girl” dónde aborda la extensión de la moralidad occidental a culturas con otras tradiciones siendo capaz de transmitir un relativismo que bien nos vendría a todos antes de empezar a pontificar sobre temas que no conocemos.

Además de los maravillosos guiones que imbrican todo lo que ocurre en The Orville, la serie está plagada de sketches y running gags intercalados con mano magistral por MacFarlane para hacer un producto para un púbico amplio, al que engaña, ya que no parece tan profundo como realmente es. Estos chistes son soportados en buena medida por una tripulación extraña, muy marciana, y sin embargo perfectamente identificable con unos estereotipos que hace décadas que están implantados en el medio audiovisual. Ello hace que todos los personajes sean memorables y a la vez insufribles clichés.

Ahora mismo se está trabajando en la segunda temporada de la serie, así que aún estáis a tiempo de poneros al día antes de que la estrenen y seguir esta joyita que os recomiendo si os queréis reír y tanto o más si queréis disfrutarla extrayendo hasta la última gota de reflexión que permite.

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