Nasville Pussy – Crónica de su concierto en la Sala Caracol de Madrid

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Nashville Pussy
Nashville Pussy

NASHVILLE PUSSY – Pussy is not a dirty word

Fui al concierto de Nashville Pussy con mi nuevo amigo Hunter. Hunter y yo nos conocemos desde hace un mes, trabajamos juntos en una importante empresa de la que no puedo hablar. Es una multinacional con un logo de una manzana mordida cuyo contrato de confidencialidad me impide nombrarla. Hunter me lio para ver a Nashville Pussy, “cuando veas el culo de la bajista se te va a caer la baba”. Le hice caso, nunca hay que decir que no a los culos y menos al rock´n roll.

Hunter y yo hemos compartido habitación el último mes. En un hotel, cama con cama, veintiséis de las últimas treinta noches hemos dormido juntos. No hicimos pleno porque un fin de semana se fue a follar con un ligue express del Tinder y otras dos noches se trajo al hotel a una profesional del sexo. La primera noche esperé en el vestíbulo a que terminase. Pero Hunter no es un varón ordinario que termina en menos de una hora su desahogo, a la tercera hora dando vueltas por el bar del hotel me di cuenta de que este tipo era un insaciable bombeador y, que si quería dormir, debía pillar otra habitación. La segunda vez opté por pillar la habitación a las primeras de cambio.

Nashville Pussy
Hunter dándole kaña

El bolo fue en la Sala Caracol, en Madrid, al lado de la calle Embajadores. El local es como cualquier otro local de ocio nocturno: las camareras son bordes y los puertas se hacen los tontos. La sala tiene las condiciones perfectas, amplia y diáfana.

Telonearon The Lizards, de Barcelona, un trío formado por un varón sonriente a la batería y dos hembras a las cuerdas. Siempre resulta sexy ver tocar rockanroll a mujeres, el aspecto andrógino de la bajista exacerbó aún más mi libido. Ver un repertorio íntegro en inglés cuando se nota que no es tu idioma natal penaliza el asunto, al final me recordaron más a Dover que a Motorhead.

Las Lizards hicieron su labor de calentamiento rockanrolero y el clima era el óptimo para disfrutar de Nashville Pussy. Si algo tiene de bueno pagar 20 pavos por un concierto es que el grupo tiene un equipo profesional y el buen sonido está garantizado. Así fue este caso.

Nashville Pussy
Las lagartas

La música de Nashville Pussy es una mezcla de ACDC, The Cramps y Porco Bravo. Hacen un rock sudoroso, sexual y poderoso. Os las voy a presentar una a una que para eso me he mirado los nombres en Google.

Jeremy Thompson. Bateria. El más joven, lleno de energía, tanta energía que se marcó un solo de cinco minutos que yo aproveché para ir a mear.

Bonnie Buitrago. Bajo. Estaba en mi lado del escenario y busqué ingenuamente durante todo el concierto un cruce de miradas que nunca llegó. Hunter me aclaró que no era la bajista del anterior concierto al que él fue: “la de antes estaba más buena, pero a ésta le daba también mazapán”. Buitrago se parecía a Rizzo, la de la peli Grease, y vestía de cuero. Me deleité, baboso, de su poderío escénico y su solvencia rítmica con las cuatro cuerdas.

Blaine Cartwright. Guitarra solista. Desafortunadamente estaba al otro lado del escenario, con lo cual me quedé bizco vislumbrando las transparencias de su top. Cuanto más avanzaba el concierto más boquiabierto me dejaban sus impecables solos de guitarra, postureos a ras de suelo incluidos. Guitar Heroine superlativa. La complicidad que se traía con el cantante me puso de lo más celoso, después Hunter me aclaró que estaban casados.

Ruyter Suys. Cantante y guitarra rítmica. De primeras tiene un aspecto de reverendo sureño de lo más pervertido. Cuanto más avanzaba el concierto, más pervertido y más entrañable resultaba. Me encandiló con el juego que se hacía con el palo del micro: lo empujaba como si fuera a caerse hacia el público y en el último momento lo atraía hacia él utilizando el cable del propio micro, haciendo un efecto elástico muy de cartoon

Las canciones del repertorio iban avanzando a la velocidad que iba disminuyendo la botella de Jack Daniels que se ventilaba la pareja Cartwright- Suys. Hunter me iba traduciendo las canciones “he aprendido inglés con este grupo”, así fue con el clásico Go to Hell, Hunter me recitaba la canción en plan traductor simultáneo:

“No soy un hombre al que le guste volverse loco/ pero si lo hago, no me siento particularmente mal/ hay situaciones que simplemente uno no las puede dejar pasar/ como anoche, pillé a mi mujer follándose a dos de mis amigos/ una sonrisa en su cara, una polla en cada mano, la culpa cayendo por su barbilla./ Di un portazo, agarré mi 44, encendí un cigarrillo/ he esperado la oportunidad de usar esto, aprovecharla al máximo./ Me espantas, ni siquiera puedo soportar tu olor./ Hasta luego, estás acabada/ Adios, nena. Vete al infierno.”

A los tres cuartos del concierto, Ruyter Suys apareció con una birra en la mano, no daba crédito. Se puede pasar de beber cervezas a beber whisky, de menor a mayor graduación, siempre; hacerlo al revés es un error de juveniles. ¡Qué equivocado estaba! Ruyter vació la cerveza dentro de su sombrero y se lo caló a continuación, empapándose de cerveza y rock´n roll. ¡Maestro!

En el tramo final del concierto, el grupo recordó al recientemente fallecido Malcom Young y versionearon, no podía ser otra, Beating around the bush. Ruyter Suys hizo el gesto teatral de vaciar la Jack Daniels sobre el piso. Apenas cayeron unas gotas, el matrimonio rockanrolero ya se habían ventilado la botella a esas alturas. Fue un detalle que encendió aún más a un Hunter eufórico, “vamos a seguir la fiesta en Paseo de las Delicias” -me gritó. No entendí esas palabras hasta que llegamos a tal lugar, pero esa es una historia que se escapa al asunto Nashville Pussy.

Desde Creative Katarsis solo nos queda una cosa por decir: ¡Por la gloria de Malcom Young!

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