MULA – EL PASO DEL TIEMPO

Había expectación ante el nuevo trabajo del director norteamericano Clint Eastwood y por saber si su nuevo trabajo, Mula, estaría más próximo a Sully, un retrato humano y cercano de un piloto convertido en héroe, o a 15:17 Tren a París, un relato de un atentado frustrado que, por contra, se mostraba sin ritmo y se narraba con desgana y sin capacidad de transmitir interés por la vida de estas personas anónimas, quienes eran soldados del ejército norteamericano, además.

Finalmente, y aunque lejos de sus mejores trabajos de la década anterior – Mystic River, Million Dollar Baby, Invictus…-, Clint Eastwood firma a sus 88 años el que temáticamente sería el reverso de Gran Torino: una película entrañable e interesante merced a un personaje muy atractivo y carismático que eleva una historia simple y de la que se pueden sacar pocas lecturas más allá de su protagonista.

La comparación de Mula con la que seguramente es la gran obra infravalorada del antiguo vaquero viene en la sociedad y contexto en que Eastwood sitúa la trama y sus personajes: una ciudad norteamericana con gente de clase media y problemas económicos, cerca de México, y cuyos habitantes han vivido épocas mejores mientras ahora tratan de salir adelante en un entorno multicultural, con mayor diversidad y población inmigrante que antaño y con la sensación en una parte de su población, como es el caso del florista Earl Stone, de soledad, aislamiento y ausencia de un lugar claro en el mundo ante el avance de la tecnología y de las nuevas generaciones.

A todo esto añadir que tanto el prota de Gran Torino, Walt Kowalski, como este son personajes que han pasado casi toda su vida trabajando por su cuenta o sirviendo para su país, con consecuentes problemas familiares y de tiempo perdido.

La diferencia es que mientras uno pasa de su familia disfuncional para volcarse con su vecino coreano, Stone trata de solucionar las cosas con ellos, en una diferencia de caracteres entre los personajes palpable: un hombre duro y cínico que hace las cosas por su cuenta si nadie más las hace frente a otro que transmite bondad, y que no duda en someterse a lo que sea necesario para arreglar las cosas. Dos caras de una misma moneda, que vuela en el aire de un futuro cada vez más incierto.

Respecto al guion, esta diferencia de tratamiento de historias similares, junto con las distinciones propias de los argumentos, es lo que explica la excelencia de una obra, propia del arquetipo de antihéroe que representa Eastwood – veterano de guerra, políticamente incorrecto, honesto y sin tapujos – frente a Mula, una buena película a la que quizá le falte tensión, ritmo y agilidad, debido a que la historia, basada en la realidad de un artículo periodístico hecho sobre un anciano que transportaba drogas para un cártel mexicano, llega a un punto en que no puede dar más de sí.

Se echan en falta más momentos de complicidad y ligereza cómica, dadas las características de Stone, algo más de conflicto en la familia, lo cual está patente pero no termina de explotar, o mayor protagonismo en los personajes secundarios, especialmente los policías encargados de la investigación, intermitentes y a veces meros figurantes. Igualmente y pese a ello, Mula sigue dejando un buen sabor de boca incluso en quienes no son fans de Eastwood.

Las actuaciones se ven afectadas por el hecho de que Eastwood y Earl Stone prácticamente monopolizan la acción en la historia, para bien y para mal. Clint sostiene la película, atrapa al espectador y lo va guiando en sus peripecias con su interpretación magnética, con la que cualquiera puede empatizar y sentirse atraído ante el carisma y bondad que transmite su alter ego, un personaje que conforme avanza la trama deja ver distintas capas en su pasado y frente a su presente actual.

En el otro lado, deambulan nombres como Bradley Cooper, Laurence Fishburne, Taissa Farmiga, Andy García o Dianne Wiest, un reparto llamativo que rodea y secunda al protagonista de manera correcta, cada uno en su papel y logrando dar el pego, pero sin posibilidades de destacar, con roles más planos y cortos de tiempo en pantalla.

A sus 88 años, no sabremos cuántas más películas podrá realizar el bueno de Eastwood, pero, por lo expuesto y por fortuna, Mula remonta bastante respecto a algunas de sus últimas películas y parece recordar y relacionarse más con esa maravilla llamada Gran Torino.

En el ocaso de su vida, como en el final de la existencia de Kowalski o Stone, Eastwood echa la vista atrás hacia su extenso legado y vuelve por algunos de los mejores fueros de su cine: un personaje humano, dispuesto a cambiar las cosas de una manera u otra, al que todos querríamos tener a nuestro entorno y una historia llamativa con mensajes universales con los que todos nos podemos sentir identificados.

Desde Creative Katarsis, os animamos encarecidamente a verla en los cines mientras podáis. 

REVISIÓN GENERAL
Dirección
7
Reparto
7
Guion
7
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Me gusta el cine, leer, las series, quedar con los amigos y descubrir nuevas aficiones.

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