¡MÁS SERIES, ES LA GUERRA!

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Bienvenidos al 2020. Al nuevo año, a la nueva década… Año 1 post-Deckard (Blade Runner, la primera, la original, la “buena”, la de Ridley Scott, ocurría en el año 2019). Y sí, ya nos hemos librado de las interminables cadenas de mensajes, Whatsapps y memes de la última semana de diciembre. Y yo, que enseñé a odiar la Navidad al Grinch y a Mr. Scrooge, no os voy a aburrir con felicitaciones, ni con añoranzas del pasado ni con deseos para el venidero año (el presente ya). También hemos pasado San Valentín, así que podemos volver a ser los míseros y despreciables seres que somos el resto del año. Lo que sí os quiero recordar son todas aquellas interminables listas de “las mejores series de…” bien sea del año pasado, o de la década… Y de eso vamos a hablar: de series, algunas sí aparecen en esos interminalbes listados, otras, no; algunas tienen algún premio Emmy, algún Annie también, otras son galardonadas con Globos de Oro…

LA OTRA FORMA DE ENTENDER EL ENTRETENIMIENTO.

A fecha de hoy, existe una densidad abrumadora de series, demasiadas para mi gusto y servidor que os escribe, vive inmerso en una sociedad y me guste o no, a pesar de mi misantropía, me relaciono con otras personas; de hecho, considero que la gente con la que trato tiene buenas intenciones y sus consejos son bienintencionados, pero: Vikingos, The Boys, Dark, y veinte mil más me sobran. Prefiero subir la ratio de libros leídos al año y de hecho, sigo disfrutando como nunca de la lectura. Y así sigo, y alterno libros de novelas, con la revisión de los clásicos así como con libros geopolíticos que me dan una noción del mundo en el que vivo. Y sé que el ocio está ahí por lo que y para lo que está: una vez que hemos ido subiendo y cubriendo distintos estadios en la pirámide de Maslow, llega el ocio.

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Por ahí arriba está el ocio.

Y por si no estaba el mercado lo suficientemente saturado, a partir del 31 de marzo de este año, desembarca en España la nueva plataforma de streaming, DISNEY + y con ella su buque insignia, “The Mandalorian”. Antes de que os frotéis las manos, vamos a plantearnos la pregunta que ya se están planteando muchos especialistas. NETFLIX, AMAZON PRIME, HBO, y demás plataformas… ¿Cuánto tiempo más va a aguantar la burbuja del streaming?
A lo mejor no sabes ni quién es Reed Hastings, pero él sí sabe quién eres tú. Sabe quién eres tú, cómo te gusta el ocio y cuándo lo quieres. Por eso creó una plataforma para enviarte DVD’s a casa por un módico precio en plan tarifa plana. Sobrevivió a la desaparición de los videoclubs tradicionales y se adaptó a la era de Internet. Y seguimos añadiendo datos sobre este misterioso personaje que no se prodiga en redes sociales: tiene una fortuna personal valorada en unos 1700 millones de euros y un salario anual cercano al millón. Aquella idea de negocio evolucionó hacia lo que hoy conocemos como la más poderosa compañía de streaming, NETFLIX. Dicha plataforma está presente en más de 190 paises, con más de 100 millones de suscriptores y un valor superior a los 50000 millones de euros. Tampoco te voy a mencionar los mastodónticos beneficios que ha obtenido, y lo que ha pagado de impuestos en nuestro país.
Una compañía que tiene unos beneficios importantes y que es capaz de influir en la manera de entender el ocio de muchas personas, ha pagado esa miseria. Afortunadamente, a fecha de hoy, todavía entiendo el ocio centrífugo, vamos a llamarlo así. Es decir, aparte del ocio que puedo realizar en casa, leyendo un libro, todavía salgo de casa para tener ocio. Salgo a hacer deportes de contacto, salgo a seminarios, salgo al cine como tal (al cine de la sala de cine, con palomitas y con más gente con la que no interactúo, pero que también han ido al cine). Y sí, también voy a conciertos (este año retorno al RESU) y me voy a tomar cañas por ahí (una actividad muy española, por lo que parece, de tomar la vida por el lado lúdico).
No, no os voy a aburrir de nuevo con un listado de las mejores series de la década o del año… Ya las habéis visto (las listas y las series) y no vamos a volver al tema (cada uno tiene sus favoritas y no vamos a crear un debate estéril sobre, por ejemplo, la última temporada de JUEGO DE TRONOS. ¿Qué es mejor, HBO, Netflix, o Amazon Prime? Son debates estériles porque cada plataforma tiene sus fortalezas y sus debilidades, y a cada serie de cada una de ellas les ocurre lo mismo. No se puede comparar en muchas ocasiones una con otra porque ni siquiera juegan en la misma categoría (Fleabag Vs Chernobyl, ¿en serio?)

SERIES, SERIES Y MÁS SERIES: EL PANDEMONIO SERIAL.

Una de las cosas que más pereza me da actualmente de las series son esas series que se alargan hasta lo que parece ser el infinito. LOST la tuve que retomar varias veces para conseguir avanzar de una temporada a otra; había temporadas que tenían una dinámica continuada y enlazaban perfectamente un capítulo con otro; otras que era un batiburrillo de muchas cosas que no iban a ninguna parte; otros tiempos con capítulos de relleno: si no, recordemos el capítulo de 3*14Exposé, Nikki y Paulo aparecen muertos en extrañas circunstancias y todo el desarrollo del capítulo nos lleva hacia… ¡la nada más absoluta y la irrelevancia!

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Las muertes más irrelevantes de LOST.

Tampoco vamos a entrar en debates estériles sobre series como JUEGO DE TRONOS y de cómo se aleja de los libros que la inspiran. Cualquiera que haya leído parte de la obra de Martin, sabe que la serie empieza casi desde el capítulo I a alejarse de lo escrito. Martin arguye que la serie es como un spin-off que relata cosas que en el libro no se cuentan. Del mismo modo, muchas de las tramas interesantes que hay (y las hay) se pierden para centrarse en personajes más centrales (y a veces ni siquiera eso). Del mismo modo ocurrió con HARRY POTTER y sus adaptaciones. Es inevitable: la riqueza, la profundidad de los libros no se puede reflejar en la pantalla, salvo honrosas y muy contadas excepciones. Y vamos romper una lanza también a favor de lo que invierten las plataformas de streaming en nuestro ocio: se rozan las cantidades estratosféricas. El coste de los capítulos de la última temporada de GOT rondaba los 10 ó 15 millones de dólares, ¡CADA UNO!

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Jon Snow no sabía nada y los guionistas de GOT menos.

Del mismo modo, NETFLIX también gasta lo suyo en las series. Las más económicas, como “House of Cards” presupuestaban unos cinco millones por capítulo, unos ocho para cada uno de los de “Stranger Things” y unos trece millones de dólares para cada uno de los de “The Crown”. Pero alta inversión, exteriores y localizaciones excelentes, reparto de lujo y producciones grandilocuentes no son sinónimo de calidad. De hecho, NETFLIX es, en efecto, un buffet libre. Ahora también ha optado por las producciones propias, con un ritmo de unas 80 películas por año (más de una por semana); una cadencia que ningún estudio de cine puede igualar. Una de cada tres personas que tiene conexión a internet tiene una suscripción a una de las plataformas de streaming, a veces incluso a varias a la vez e incluso ha habido un resurgimiento del pirateo, porque aparte del pago legal, la gente ha vuelto a las viejas estrategias para disfrutar de determinados contenidos de modo gratuito. Pero lo dicho, ¡mucha comida no es sinónimo de buena comida!
Me gustan, o me han gustado, por otra parte, las series cortas y bien narradas, las auto conclusivas. Verbigratia, la temporada I de “True Detective“, y ya está. De las otras temporadas, ni sé, ni me ha llamado la atención. Sí, puede ser que me esté perdiendo un montón de series buenas, pero creo que el fenómeno se está masificando. ¿Cuántas vidas necesitamos para completar toda la oferta de una plataforma? Dejémoslo en donde se quedaron las leyendas como “Twin Peaks” y aquellas primeras series. Lo mismo con “True Detective”. Sí, la ví; la disfruté segundo a segundo: las tangenciales referencias al Rey de Amarillo (la obra de Robert W. Chambers) y a la misteriosa ciudad de Carcosa (en referencia a Ambrose “Bitter” Bierce); descubrí a un monstruo actoral como Mathew McConaughey (¿dónde habías escondido tu talento hasta ese momento?), como la persona que más odiaba su propia existencia del mundo, con su filosofía nihilista, cruel y desencantada. Perfecta de principio a fin, con uno de los mejores plano secuencias que se verán en el cine desde el inicio de “Sed de Mal”. Y cómo se cierra, cómo en el último episodio, Rust Cohle (McConaughey) se redime ante el espectador con un soberbio y descarnado monólogo, dramático pero no sensiblero.


¿Por qué, en nombre de todos los infiernos, estimado productor o quién quiera que se encargue de estas cosas, te empeñas en alargar las cosas y volver a toquetearlas? ¿Por qué tanta manía de hacer re-makes, re-boots, nuevas versiones, segundas partes, precuelas, spin-offs? Estáis toqueteando las tetas de una muerta por un afán crematístico, y eso está muy feo.
No obstante, sí hablaremos de algunas series. La primera elegida es: LOVE DEATH & ROBOTS.

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