Malevaje – Crónica del concierto 30 años de tangos en Bilbao

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Malevaje - Crónica del concierto de 30 años de Tango en Bilbao Creative Katarsis

MALEVAJE – CRÓNICA DEL CONCIERTO EN BILBAO

Fue a conciencia pura/ que perdí tu amor/ nada más que por salvarte/ hoy me odiás y yo feliz/ me arrincono pa´llorarte.

El sábado volví a ver a Jonson. Ahora tiene tres hijos, yo ninguno, aunque lo que realmente me jode es que tiene más pelo que yo. Jonson y yo nos conocimos hace veinte años. El tenía un bar y yo pinchaba canciones en él. Al principio me gustaba poner tangos en el último momento como señal a la clientela para que se pirase. En cuanto la gente se iba, nos poníamos otro tanguito y otro, hasta que caía entero el Tangos y Margot de Malevaje, sin parar de fumar cigarrillos.

Después de tantos años Jonson y yo nos hemos reencontrado para ver a Antonio Bartrina, alma mater de Malevaje. Presenta su último disco, 30 años de tangos y lo hace acompañado de Sacri Delfino a la guitarra y Fernando Gilabert al contrabajo.

Especulamos a principio de concierto cuántos años tendrá ya el mítico cantante. Lo cierto es que se le vio estupendo, aunque al principio resbalara en el cliché y los lugares comunes “siempre que venimos a Bilbao… que bien se come aquí, que bien se bebe y que gente tan maja”.

Malevaje - Crónica del concierto de 30 años de Tango en Bilbao Creative KatarsisEse momento lo aproveché para gritar una petición “me arrincono pa llorarte!”. Bartrina pone cara de desconcierto. Amplío otro verso “ibas linda como un sol!”. Entonces me doy cuenta de que la mayoría del auditorio me está mirando, había elegido un mal sitio para conservar mi anonimato: la columna más próxima está demasiado lejos y una luz cercana descartaba aquel rincón como el lugar óptimo desde el que lanzar mis cobardes puñales.

Bartrina se da cuenta finalmente de que estoy solicitando el clásico Confesión, que el maestro Enrique Santos Discépolo estrenó en 1930. La primer intérprete de la canción fue la mujer del autor, Tania. Luego también la cantaron Carlos Gardel, Enrique Bunbury o Andrés Calamaro, pero mi intérprete favorito siempre fue Malevaje.

-Ah! Pero me tenéis que decir por el título de la canción. -explica Bartrina.

-¡Confesión, Confesión! -intento arreglarlo.

-Es que si no pienso que lo de ibas linda como un sol me lo dices a mí.

El público ríe. Yo empequeñezco, me ha pintado la cara.

El recuerdo que tendrás de mí será horroroso/ me verás siempre golpeándote como a un malvao/ y si supieras bien que generoso/ fue que pagase así tu buen amor.

Esta noche me emborracho cae a las primeras de cambio. Bartrina está en forma. Concentrado, afinado, con sentimiento y ese genuino estilo madrileño cantando tangos. Se han disipado nuestras dudas sobre si el paso del tiempo pudiera haber mermado sus condiciones. Gilabert da una lección tras otra con las cuatro cuerdas. Delfino, resolutivo, no para de pedir que suban el volumen del monitor.

Bartrina señala la abundancia de gente que habla en vez de escuchar y al mismo tiempo le resta importancia. “Parece que hay mucho cuchicheo hoy, no pasa nada, es bueno comunicarse”. La señora que me ha tocado al lado se lo toma más en serio “Sssssh, ssssshh, ssssssssssssssh”. Me recuerda a esa gente que hace lo mismo en los minutos de silencio en San Mamés. Si en un minuto de silencio sólo se oye el ssssh , ¿no os dais cuenta que os estáis cargando el minuto?

Malevaje. 30 años de tangos
Por tu fama , por tu estampa, sos el malevo mentado del hampa. sos el más taura entre todos los tauras. Sos el mismo ventarrón.

Al poco cayó mi preferida, Ventarrón. Solo y triste, casi enfermo, volvió el malevo buscando su fama, que otro ya conquistó. La canción El último café trajo el momento más hondo de la noche, el cantante desbordado por la emoción, apenas pudo contener las lágrimas y tuvo un punto de reproche hacia el público “este tango era para escucharlo, bueno, todos los tangos son para escucharlos”. Huelga decir que a estas alturas la señora de mi lado estaba completamente desatada con sus sssshh. 

Sol de mi vida/ fui un fracasao/ y en mi caída/ busqué el echarte a un lao/ porque te quise tanto, tanto/ que en mi rodar/ para salvarte/ solo supe hacerme odiar.

Con el público ya metido en el concierto, Malevaje regala su lado más gamberro -“Nos vienen pidiendo que hagamos fusión, que fusión por aquí y fusión por allá, pues por fin nos hemos atrevido”- para ofrecer una singular mezcla entre su celebrado Cambalache (Narcos: temporada 2, episodio 2) y una suigeneris versión no sabemos si del Give it away o algún ritmo hip-hopero. Ya había empezado la parte más heterodoxa del concierto. “¿Os gustan las rancheras? Fernando os va a cantar una”. Momento que aprovecho para ir al excusado. Mientras micciono puedo oír el inmortal El último trago. Cuando recupero mi posición le digo a Jonson “Esto no es una ranchera, esto es Chavela!”. Momento que aprovecha la amargada de al lado para soltar otro de sus ssssssshh, indignado por su insolencia (yo no soy de esos). La miro retador, me encojo de hombros y me defiendo “¿qué?”. Fin de los sssssssshh.

Malevaje
30 años de tangos

A estas alturas el grupo se estaba sintiendo a gusto en las periferias del tango y Bartrina suelta “queréis una bossanova?”. Jonson y yo, noo. El resto del público, siiiií. Pues bossanova que se casca el guitarrista. Ante el cauce fusionador que están tomando los acontecimientos. Jonson toma las riendas de la realidad y hace su propia petición: “Confusión, Confusión!”. Bartrina contraataca con celeridad “todavía no es la hora de las peticiones”. Ni falta que hacía, el auditorio alcanza el éxtasis con la interpretación de las celebérrimas Si soy así y Garufa. También suenan Chinchorro, Arroz blanco, Rubias de New York o Fin de mes. En esta última Bartrina busca con complicidad al público, “Parece que nos cuesta a todos el llegar a fin de mes…” Pero con los 7 pavos por un cubata, no hay humor para el asunto…

Hoy después de un año atroz/ te vi pasar/ me mordí pa´ no llamarte/ ibas linda como un sol/ si se paraban pa´ mirarte.

El repertorio de los Malevaje ya llegaba a sus últimos momentos. El menú ha estado a la altura de las expectativas y su desarrollo sólo se puede calificar como impecable pero queda la espina, no han tocado Confesión. Ellos son conscientes y Bartrina se justifica: “¿quieres saber porqué ya no tocamos Confesión? No, no, no… ¿ Pero quieres saberlo?”. Mira a otro pero noto que soy yo el que le ha tocado los huevos. “Mira, una vez que estábamos cantándola subió al escenario un grupo de mujeres reprendiendo porque esa canción justificaba la violencia de género”. Comenzó a elucubrar, “es una canción de los años 30, era otra época…”. Intento tranquilizarle y exclamo “ha sido malinterpretada!”. Bartrina me mira con cara de hastío e ignora el comentario.

Malevaje. 30 años de tangos
Me revienta tu presencia, pagaría por no verte.

Finalmente llegan los bises. Margot y Volver para rematar. Odio Volver desde la peli de Almodóvar. Se lo dije a Jonson: “deberían haber tocado Mi noche triste.” Jonson me responde cantando el Mano a manoNada debo agradecerte mano a mano hemos quedado no me importa lo que has hecho, lo que hacés o lo que harás”. Y luego ya los dos juntos “los favores recibidos creo habértelos pagado y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado, en la cuenta del otario que tenés se la apuntás”. La canción desencadenó un abrazo, salimos a echar un pitillo a la calle y cuando pasó la señora de al lado le dijimos al unísono, sssshh, ssssssssshh.

Yo no sé si el que te tiene así se lo merece/ solo sé que la miseria cruel que te ofrecí/ me justifica al verte hecha una reina/ pues vivirás mejor…/ lejos de mí.

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