LOVE DEATH & ROBOTS: La otra serie.

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Tal como anunciábamos en el post anterior, vamos a hablar de series. Vamos a hablar de una serie que es la caja del gato de Schrödinger de las series; es una serie grande y pequeña a la vez. Atípica en su concepción, es como el horizonte de eventos: esa hipersuperficie frontera del espacio tiempo. ¿Qué? ¿Ya se te ha quedado la cabeza loca? ¿O quizá es el hongo que me he comido y que me está haciendo efecto? ¿Realmente lo he comido? ¿O soy un producto eventual de una anomalía que, a pesar de mis más sinceros denuedos, no he podido eliminar de lo que, por otra parte, es una armonía de precisión matemática? (Saludos a El Arquitecto). La serie, emitida por NETFLIX,  ya nos avisa en el título de lo que nos vamos a encontrar: LOVE DEATH & ROBOTS.

LOVE DEATH & ROBOTS: LAS TRES BASES.

Tres conceptos clave, contrapuestos y unidos en una misma oración. El amor, la emoción más humana, la que más nos redime de nuestra miserable existencia. La muerte, la terrible Parca que a todos nos espera, y nos iguala con el rasero de su guadaña, al rico y al pobre, al bueno y al malo, a ti y a mí… Y luego, están los robots. Ya se habló en su momento de la serie en el podcast de CREATIVE KATARSIS. El título mismo no avanza grandes sorpresas; los tres ingredientes están implícitos en distintas proporciones: hay amor (a veces más sexo que amor, pero también hay amor idealista y platónico); hay muerte (en muchos modos y maneras) y, por supuesto, como ya os imagináis, hay robots (y también episodios en los que no).

¡Intensito el trailer! ¿eh?

LOVE DEATH & ROBOTS: DESESTRUCTURANDO Y RECORDANDO.

Como ya dije en la introducción, LOVE DEATH & ROBOTS es una serie pequeña y grande. Atípica en su concepción, sí se atiene a ciertas reglas del juego de las series. Ya hablé en el post anterior de cómo se está modificando (o cómo ya se ha modificado) la manera de entender el ocio y cómo disfrutar de una película / serie. Ahora se practica el binge-watching. Lo que es una soberana estupidez. Ya lo dije en su momento, de cómo las plataformas de streaming influyen en nuestra manera de entender el ocio y en cómo nos insertan en nuestro disco duro el uso de anglicismos innecesarios.

Nos borran de nuestro acervo cultural la heroica hazaña del heraldo ateniense Filípides, que fue enviado desde Atenas hasta Esparta para solicitar ayuda cuando los persas desembarcaron en Maratón. Porque en mi casa todavía se practican los maratones, bien sean de “El Señor de los Anillos” (versión extendida, por favor), o “Harry Potter” (versión extendida también) o “The IT Crowd” o lo que se tercie. Y continuamos viendo un episodio tras otro de una serie por un giro argumental o un final en suspenso y no por un cliffhanger.

Pero hablemos de técnicas narrativas no convencionales, ajenas al uso común. Toda narración, sin excepción alguna, sigue el mismo patrón establecido hace miles de años: introducción, nudo y desenlace. Otro tema distinto es como llevarlo a cabo y como desarrollarlo. Pongamos dos ejemplos de narrativa no convencional encuadradas dentro de la ciencia ficción. “Crónicas marcianas” (The Martian Chronicles, 1950) de Ray Bradbury se compone de veinticinco cuentos que podemos leer independientemente unos de otros, pero que también podemos leer del tirón como una serie de crónicas sobre el planeta rojo. Del mismo modo ocurre si leemos la Trilogía de la Fundación de Isaac Asimov: Fundación (1951), Fundación e Imperio (1952) y Segunda Fundación (1953). Cada una de las cinco partes que componen el primer libro forman un relato autónomo (de hecho, fueron publicados inicialmente en revistas como relatos sueltos). Del mismo modo, cada una de las tres partes de la trilogía es un todo en sí mismo, aunque para tener una visión completa de la obra es necesario leer las tres.

Love Death Robots
Dos gigantes juntos.

Establecida esta base de distintos modos de desarrollar una o varias historias, volvamos a LOVE DEATH & ROBOTS y al cine de animación. Porque la estructura básica de esta serie son una serie de cortos de animación, con una duración que varía desde los siete minutos el más corto hasta los diecisiete del más largo. Un total de dieciocho cortos que, si te pones a verlos en una sola sesión, no llega a las cuatro horas (mucho menos de cualquier maratón). Aparte de esto, riqueza estilística, distintos tipos y estilos de animación, distintas historias, distintas ambientaciones, futuros cercanos, ucronías, futuros remotos… quizá uno de los grandes aciertos de la serie sea la variedad que te hace quedarte sentado al borde de tu sofá esperando la siguiente píldora, sabiendo que no tiene nada que ver con lo que acabas de ver.

Cada uno de los episodios se desenvuelve con los parámetros fundamentales de la narración que ya hemos indicado (inicio, nudo y desenlace) y este último es el fuerte de la serie. Los desenlaces son auténticos giros argumentales que te dan la vuelta a la historia tal como la habías presenciado y tal como habías creído que la entendías. Tal es el caso de uno de sus episodios más carismáticos, reconocidos y aclamados: “The Witness” (La testigo). La aparente sencillez de su planteamiento inicial, su estética Blade Runner, el muy acertado e histérico uso de la cámara llevan un pulso narrativo y dramático que te acelera, pero sobre todo, es su final lo que hace de este corto una obra redonda, aparte de un cierre circular de la historia: ¿dónde está el principio y dónde está el final? ¿Quién es quién? El principio del eterno retorno, el uroboros hecho imágenes.

No existe un hilo argumental que enlace los distintos capítulos, salvo por las tres premisas expuestas en el título de la serie. O por lo menos yo no lo he encontrado. Ya son unos cuantos años viendo cine en general, y de animación, en particular, y, lo reconozco, apenas he rascado la superficie. Pero siempre hay un argumento, una línea que nos guía. Vi en su momento películas como “Tygra, Hielo y Fuego” (Death Dealer de Frazetta siempre estará en mi corazón), el primer “El Señor de los Anillos” (1978) de Ralph Bakshi. Luego vendrían otros grandes nombres como “Akira” (1988) o “Animatrix” (2003). Algo, algo he visto. Y sí, “Animatrix” era una película creada a partir de una serie de cortos, pero todo en torno al mundo virtual de Matrix: explicaciones, orígenes, el último vuelo de la Osiris… Al igual que otro gran clásico como “Heavy Metal” (1981), la película basada en los relatos de la revista del mismo nombre, llevaba la misma estructura narrativa en torno a un McGuffin:  en este caso la esfera verde de poder, el mal encarnado, llamada Loc Nar.

Heavy Metal, un clásico.

Es decir, LOVE DEATH & ROBOTS no revoluciona, no aporta nada nuevo, utiliza distintos tipos de animación, distintos tipos de historias, va y viene en el tiempo y en el espacio, pero no es caótica, hay un orden, hay una continuidad… No soy un experto pero algo, algo he visto. Pero si voy a hablar sobre los corolarios, sobre las preguntas que me han planteado, no sé si a mí solo o hay alguien más en esta pequeña esfera que gira alrededor de una enana blanca que haya llegado a las mismas conclusiones que yo. Supongo que sí, ¿o es un pensamiento colmena?

Pero sigamos hablando de Amor, de Muerte y de Robots.

 

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