‘LA LLORONA’ – MEJOR REÍR POR NO LLORAR

El riesgo de explotar algunas cosas hasta la saciedad es que, aunque puedan resultar rentables en taquilla, terminan cansando. Este sería nuestro caso. Posiblemente La Llorona, sin el mensaje publicitario de estar relacionada con Annabelle y las historias de los Warren, no dejaría de ser otra peli más que a ratos entretiene, de susto fácil, final previsible e historia desaprovechada.

La saga temática iniciada por el director James Wan, uno de los más activos y rentables de estos últimos años (Fast and Furious 7, Aquaman), continúa. Hasta la fecha La Monja era la última película que ampliaba el universo Warren, generado a raíz del éxito de Expediente Warren: The Conjuring, inspirada en los hechos reales que tuvieron que afrontar Ed y Lorraine Warren, un matrimonio de investigadores paranormales. Desde entonces, se han producido una secuela directa y tres spin off basados en los oscuros personajes de Annabelle y del espíritu de la novicia, además de la que ahora nos ocupa, La Llorona.

No obstante, el guion patina en este sentido. Resulta extraño introducir a esta como parte de dicho universo cinematográfico, puesto que la relación y el nexo se deben a que uno de los sacerdotes que aparece en Annabelle, el interpretado por Tony Amendola, hace lo propio aquí. En otras palabras, un hilo demasiado fino y que resulta ser más un ejercicio de marketing para atraer a más gente del mercado hispano y a seguidores de previas franquicias.

El film, localizado en la actualidad norteamericana, se inspira libremente en la leyenda latinoamericana del espíritu de una mujer que vaga errante en busca de sus hijos, a los que asesinó, o de unos sustitutos. Pero conforme avanza el metraje vemos que solo es una excusa para representar a otro fantasma con exorcista de por medio para intentar ahuyentarlo. El folclore, la profundidad o historia que pudiera haber detrás de La Llorona se simplifica hasta tal punto que podrían haber cambiado el título sin problemas sin que hubiera variación en el relato o en la narración.

Otra oportunidad perdida en el guion radica en la profesión de la madre protagonista. Inicialmente, se nos presenta como asistente social como si fuera a ser importante en la trama para después ser totalmente indiferente, desde el momento en que las líneas de guion comienzan a inundarse de clichés, escenas de ausencia o subidón de sonido y sustos con mayor o menor efectividad pero especialmente previsibles, que rompen la tensión y la atmósfera demasiado a menudo a causa de repetirse.

Incluso hay determinadas situaciones y frases que no vienen a cuento terminan provocando pérdida de de ritmo, algo que no aligera al espectador si no que le provoca una risa nerviosa y de extrañeza. Como digo al principio, no es que a ratos no entretenga, que sí que lo hace. Es que se queda a medias conforme avanza y se repite hasta el exceso.

Detrás de la obra, se nota que esta vez el director no es James Wan, quien en The Conjuring y El Caso Enfield lograba un ambiente turbio, pesadillesco, de mucha oscuridad y fuerza visual en la representación de las criaturas que trataba de mostrar y en la narración de sus historia. Al contrario. Relegado Wan a la producción esta vez, Michael Chaves, realizador de La Llorona, termina firmando un producto lineal, convencional, no muy distinto de cualquier otro film comercial de terror, más efectista a la hora de infundir miedo que preocupado en elaborar una narración atrayente para el espectador, que inquiete y que pueda conservar la tensión sin perder tanto el ritmo.

Respecto a la parte técnica, palidece en comparación con sus compañeras de saga, merced a un montaje más plano que otras veces para una historia sin tantos flashbacks o saltos temporales, un sonido y banda sonora que por ausencia en momentos clave está peor aprovechado y que no ayuda a inquietar cuando aparece y unos efectos especiales y un diseño artístico de escenarios y personajes que visualmente no infunden el respeto y temor que podía percibirse en las películas protagonizadas por Patrick Wilson y Vera Farmiga y dirigidas por Wan. El exceso de primeros planos para mostrar el terror de La Llorona acaba perjudicando al resultado por repetitivo y previsible.

Del reparto, poco que decir. Cumple con corrección y sin grandes alardes ni sobreactuaciones con unos personajes propios de este tipo de films, sencillos y poco profundos. Además del propio Amendola, enlace con la saga, destaca la madre protagonista, Linda Cardellini, y el más conocido para el gran público, Raymond Cruz, aquí irreconocible y más icónico como Tuco Salamanca de Breaking Bad.

En definitiva, para ver un domingo por la tarde o noche en vuestra casa si no tenéis nada mejor que hacer o si sois muy fans de la saga de los Warren. Aunque, como podréis comprobar, es la que menos tiene que ver con las demás. ¿Qué opináis vosotros?

REVISIÓN GENERAL
Dirección
4
Guion
4
Parte técnica
5
Reparto
5
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Me gusta el cine, leer, las series, quedar con los amigos y descubrir nuevas aficiones.

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