Don’t F**k With Cats, la serie documental más perturbadora de Netflix

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UN ASESINO DE INTERNET

Año 2010. Se publica online un video que inmediatamente será respuesta de palabras de odio y deseos de muerte. Un video con el título; “1 boy, 2 kittens.” En el video, un chico al que no se le ve la cara, tortura y mata a dos gatitos para después subir el video a internet. A raíz de esto, se crea un grupo de Facebook, dedicado a investigar cada detalle del video y encontrar pistas para identificar al sospechoso.

Y entonces, a partir de aquí, la cosa se tuerce cada vez más, provocando que tiempo después, esta misma persona, distribuya de la misma manera; un video de él mismo grabándose, mientras comete un terrible asesinato.

Tres episodios. No hacen falta más. En este mini documental de Netflix, porque sí, es un documental real y no un mockumentary. El mismo título puede parecer otra cosa. Pero todo empieza así: con la difusión del video: “1 boy, 2 kittens.”

Pero ¿por qué Don’t F**k With Cats es la serie documental más inquietante y perturbadora de Netflix?

¿Comedia, drama, suspense?

Una de las razones por las que la serie es tan disfrutable desde el punto de vista visual, es por los dos tonos que utiliza para narrar la historia. Todo inicia con Deanna Thompson y John Green, los cabecillas del grupo de Facebook que empiezan la investigación contra la persona detrás del video de los gatitos.

Todo parece un juego. El gato y el ratón. Pero esas bromas tan recurrentes a lo largo del primer capítulo se reducen cuando el caso empieza a ser cada vez más aterrador. Aquí la razón de que podamos pensar que todo esto se va a mover en la rama de la comedia, pero nada de eso.

Desde el principio hasta el final estás atrapado en un círculo de confusión, donde no reconoces lo que sabes o lo que crees saber. Don’t F**k With Cats no falla en atraparte, y tu atención siempre está latente: impaciente.

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Una historia que hiela la sangre

Cuanto menos sepas de esta historia, mejor. Porque la forma en la que se desarrolla este documental es una locura. Los eventos son cada vez más oscuros y obscenos. Muchas veces, no voy a negarlo, cuesta seguir. Hay que pararse a pensar.

Es brillante como el director elige cada momento para dar arranque a la historia; las decisiones que toma para ir revelándola. Cada detalle es tan importante como cualquier otro. De repente, crees que sabes lo que está pasando – todo va bien – te estás enterando: sabes quien es el malo. Pero justo después se revela una nueva información fundamental que te saca completamente de lo que creías saber. ¿Cuál es la verdad que conoces?

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Se puede pensar, que todos es videos – que son reales – y de los que aparecen porciones en el documental, muestran lo que nadie quiere ver. Pero Netflix es Netflix , y además de eso, es que no hace ninguna falta mostrar nada más de lo que enseña Don’t F**k With Cats. Os aseguro que no dar esa información no reduce el nivel de terror ni suspense.

Es más, como se cuentan los hechos, como son narrados esos videos, es aún peor. Porque somos nosotros mismo los que nos imaginamos todo. Y eso, siempre es peor.

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Está claro que la dirección consigue crear esa atmósfera de angustia, de confusión y de terror. Pero ese bonus se lo lleva la excelente cinematografía, porque implementa aún más esa inquietud de lo desconocido. El ritmo tan frenético que da forma a Don’t F*** With Cats se logra por la perfecta armonía entre el montaje y la música.

El fondo de Don’t F*** With Cats

El documental cuestiona nuestros valores constantemente. Nuestras formas de actuar, de ver las redes sociales como una manera de ser invisibles, de poder decir decir y decir sin filtro, sin pensar en las consecuencias de esos actos.

Como internet es una herramienta en la que todo es posible. Un sitio donde puedes localizar vuelos, ver el historial de una persona, reconocer a alguien por un post de hace 10 años y rastrear a una persona solo por una foto. De todo esto y mucho más habla Don’t F*** With Cats.

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El asesino publica su primer video; “1 boy, 2 kittens”, y con eso su fama se dispara. En gran parte por ese grupo de Facebook obsesionado con atraparle. ¿Fue este el incentivo para alimentar esa actitud narcisista del asesino, provocando así que sus crímenes fueran cada vez peores?

¿Cómo de responsables somos por lo que compartimos y a lo que damos vida online?

Don’t F*** With Cats es de lejos el mejor documental y más entretenido sobre un crimen real, en parte porque es muy reciente y porque conecta con ese punto de vista de internet y redes sociales que tenemos todos. Este documental no solo se posiciona como uno de los mejores contenidos de Netflix en esta sección, también como la serie más perturbadora sobre un caso real.

Si te ha gustado nuestra crítica de Don’t F*** With Cats, puedes leer este artículo donde hablamos sobre DRÁCULA de NETFLIX.

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