Detroit – Las heridas de América siguen abiertas y sangran

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Detroit - Crítica de la película - Creative Katarsis

DETROIT CALLING

Kathryn Bigelow, quien de momento es la única directora en ganar el Oscar a Mejor Dirección, por la cinta bélica En tierra hostil (2008), aspira en esta ocasión a repetir su éxito con la que posiblemente sea su mejor película, junto a la mencionada y La noche más oscura (2012). Para ello, traslada la zona de guerra de Irak en la primera década del presente siglo a la ciudad de Detroit en los disturbios raciales sucedidos en verano de 1967, unos hechos que aún resuenan en la memoria colectiva norteamericana y que, muchas décadas después, continúan reflejándose y repitiéndose en cada desigualdad y altercado racial que salpica el idílico pero más que discutible “sueño americano“.

Si la que apuntaba a ser una de las favoritas para esta temporada de premios ha tenido una mala recepción en los cines norteamericanos es por uno de los puntos fuertes de esta historia: la crudeza y el realismo de unas escenas basada en hechos reales que no solo siguen atormentando a una sociedad que siempre ha presumido de multicultural y de defender los derechos de las minorías, sino que les revelan que dicho objetivo está aún muy lejos de cumplirse, ateniéndonos a la división interna del país en estos últimos años.

Si nos dicen que Detroit está rodada en tiempos recientes, podríamos creérnoslo sin más discusiones. La atmósfera, tan densa e irrespirable hasta el punto de que no puedes apartar la vista de la pantalla, inunda al espectador de impotencia, angustia, rabia y pesimismo, al ver que en cincuenta años nada ha cambiado en la práctica, tampoco en Detroit, una de las ciudades más divididas social y estructuralmente incluso desde mucho antes de aquellos disturbios.

La película, que invita a la reflexión y a remover conciencias, adolece sin embargo de una crítica social más refinada. No pierde más de dos minutos, en la escena inicial del film y a modo de introducción de los créditos, en explicar un contexto meramente descriptivo de la situación social de la ciudad, en la que se vivían fuertes discriminaciones hacia la población negra en materia laboral y social. Posiblemente hubiera sido mejor para el relato incidir más en las causas que provocaron tal aumento de tensión continuo hasta el estallido final.

Desde el comienzo, y a raíz de una redada policial en una fiesta homenaje a dos afroamericanos combatientes de Vietnam, la fuerza visual de las imágenes arrolla al público y revela una encarnizada lucha civil interna en protesta por las condiciones en que vive la población y por la continua represión de las fuerzas de un supuesto orden. La aparentemente excesiva duración del largometraje, casi dos horas y media, se hace hasta corta, y no es obstáculo para entorpecer una historia en la que tienes la sensación de que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento.

Aunque es complicado en una historia de este tipo observar atractivos giros de guión o grandes sorpresas, no son necesarias en este caso, en que Bigelow se revela como una de las mejores narradoras norteamericanas del panorama actual, a pesar de que haya una cierta desigualdad entre las partes de la historia o de que pueda faltar más contextualización. La historia es fragmentada al comienzo, mediante un reparto de actores y personajes coral y arquetípico que terminan cruzando sus caminos interpretando cada uno el papel que el destino y la sociedad les ha impuesto.

Si bien al inicio esa falta de conexión puede lastrar la narración, el fuerte de Detroit se encuentra en su parte intermedia o nudo, con secuencias tan duras que perjudican a su final, cuando ha pasado la tormenta y las consecuencias no transmiten la intensidad o el interés que debieran, con un espectador que termina exhausto a esas alturas. A pesar de una actuación global más o menos solvente, el realismo de la desesperación, del miedo u horror de los personajes, cada uno con sus propias circunstancias, y la fuerza descriptiva del guión se transmiten mejor a través de algunos de los actores, concretamente de los que seguramente sean más conocidos para el gran público.

En concreto, destacan en los papeles más relevantes John Boyega – Finn, de Star Wars -, Hannah Murray – Eli, de Juego de tronos -, Anthony MackieCapitán America: El soldado de invierno-, y un excepcional Will PoulterEl renacido -, en un rol de policía corrompido y sobrepasado que ha dado mucho que hablar y que es carne de premios. Otro buen descubrimiento, que ha recibido muy buenas críticas, es el del actor y cantante Algee Smith, antiguo intérprete de Disney Channel.

En el aspecto más técnico, el mareante montaje y los saltos y cambios de cámara de unos personajes a otros pueden distraer la atención pero ayudan a esa identidad propia de la directora, a ese realismo asfixiante y a esa sensación de que cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Los efectos especiales contribuyen a la oscuridad de la historia y no sobrepasan a la misma, en una batalla campal continua donde todo el malestar de la gente finalmente se desborda, el caos tiene vida propia, y el silencio precede a la tempestad.

En definitiva, unos hechos propios de lo que podemos ver en un documental que, aunque ficcionalizados, son de imprescindible visionado para comprobar que lo que ocurre en cualquier barrio norteamericano no es algo reciente, que hunde sus raíces en la historia del país, una historia que no interesa entender y que tiene difícil arreglo. Desde Creative Katarsis os animamos a verla.

REVISIÓN GENERAL
Reparto
7
Dirección
9
Guion
7
Efectos técnicos
8
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Me gusta el cine, leer, las series, quedar con los amigos y descubrir nuevas aficiones.

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