Costa Gavras – El injusto desconocido del cine social

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COSTA GAVRAS – EL DIRECTOR ENSOMBRECIDO

Hoy día, contemplamos que hay una gran variedad de directores: los más conocidos, los clásicos, los prometedores, los realizadores de cine de autor, los propios de Hollywood, etc. Pero hay un tipo de realizador que se está perdiendo cada vez más, y que además interesa que se olvide: el prototipo de director comprometido con la sociedad, el que hace de cada obra una denuncia social contra todo y contra todos, sin dejar títere con cabeza. El mejor ejemplo de ello, al que por todo lo dicho no veréis en letras grandes en un cartel a la entrada de un centro comercial o en un anuncio de televisión, es el director franco-griego Costa Gavras.

Con una carrera ya abundante que abarca polémicas y denuncias sociales desde los 60 a nuestros días, Costa Gavras cuenta a sus espaldas con premios como el Oscar o la Palma de Oro de Cannes, entre otros galardones prestigiosos de una trayectoria que puede incluso servir de material de estudio en carreras universitarias de periodismo o ciencias sociales. Mientras su público se polariza y hay quien en ocasiones le ha acusado de ser subjetivo y parcial, no puede decirse que su blanco de críticas sea siempre el mismo, lo que le ha granjeado gran fama de crítico objetivo y de informador imparcial, de narrador de una verdad disfrazada de relato social de ficción.

En este artículo, repasamos algunos de sus títulos más reconocidos, con las ampollas que levantaron en su momento y que, a día de hoy, siguen suscitando, pues el mundo, en el fondo, no ha cambiado tanto…

Z (1969)

Con su tercera película, Costa Gavras alcanzó el máximo reconocimiento internacional al lograr el Oscar a Mejor Película de habla no inglesa compitiendo por Argelia, además del Oscar al mejor montaje y reconocimientos en Cannes, los BAFTA y los Globos de Oro. El país africano, antigua colonia francesa, es el lugar en el que se ambienta esta obra de ficción inspirada en un hecho real, el asesinato de un político de izquierdas en Grecia a manos de la ultraderecha, narrado en la novela de idéntico título. Con guion del intelectual español Jorge Semprún, el film denuncia los modos de actuar de las dictaduras y totalitarismos militares, capaces de todo para resistir en el poder.

La confesión (1971)

Si bien Z y sus anteriores obras le granjearon grandes apoyos dentro de las corrientes europeas intelectuales y de muchos círculos culturales, perdió parte de dichos apoyos con su siguiente película, con la que, tras denunciar las actuaciones de la derecha más radical, cambia de enfoque pero no de términos en los que quejarse: ahora su blanco era otro totalitarismo, el de las purgas estalinistas sucedidas dentro del mismo Partido Comunista checoslovaco, en el conocido como Proceso de Praga, sobre el que escribió una de sus víctimas, Artur London. 

Estado de sitio (1973)

Con una de sus mejores películas, Costa Gavras comienza uno de sus temas favoritos: las consecuencias de la intervención norteamericana en los países sudamericanos por medio de las dictaduras que apoyó, en este caso la de Uruguay, donde un funcionario de la CIA que trabaja en el país es secuestrado por la guerrilla urbana.

Desaparecido (1981)

Como bien sabemos, la realidad supera la ficción, y diez años después de Estado de sitio, con la dictadura de Pinochet ya impuesta, Costa Gavras cambió a Yves Montand por Jack Lemmon como actor protagonista para encarnar la historia real de un ciudadano norteamericano que, ajeno a todo lo ocurrido en Chile y a los intereses estadounidenses en Sudamérica, remueve cielo y tierra para encontrar a su hijo desaparecido. La respuesta de la extrema derecha en EE.UU., tras denunciar los actos de la CIA, fue solicitar que ese “comunista” no volviera a entrar al país de las barras y estrellas. Mientras, a Lemmon el film le proporcionaba el premio a Mejor Actor en Cannes, además de alzarse la obra con la Palma de Oro y el Oscar a Mejor Guion.

La caja de música (1989)

Sobre esta cinta ya hablamos de manera somera en nuestro artículo de 10 películas de juicios y derechos, pero es imprescindible recordarla, y más en la actualidad, con el auge del nazismo. En ella, una abogada defiende a su padre, un inmigrante húngaro, de las acusaciones de haber colaborado durante la ocupación alemana de la Segunda Guerra Mundial en crímenes contra la humanidad. Una historia de dudas, de emociones, y sobre todo de la condición humana, que no deja indiferente a nadie, y que le valió el beneplácito esta vez del jurado de Berlín, con el Oso de Oro a Mejor Película, y una nominación al Oscar a Mejor Actriz para Jessica Lange.

Mad city (1997)

Más desapercibida en su filmografía, encontramos la desalentadora Mad city, con dos protagonistas de la talla de Dustin Hoffman y John Travolta, que encargan respectivamente a un periodista en horas bajas y a un guarda de seguridad despedido que se atrinchera con un grupo de niños en un museo. En el ojo del huracán de su crítica se encuentran la sociedad movida por el morbo y la manipulación consumista de los medios de comunicación

Amen (2001)

Sin abandonar el nazismo y la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, Amen explora cuáles pudieron ser las responsabilidades existentes, con respecto al holocausto, de una institución como la Santa Sede del Vaticano, criticada a menudo por su supuesta complicidad con los regímenes alemán e italiano.

Arcadia (2004)

Más metido en la actualidad, sus obras del siglo XXI se adentran en fenómenos de mayor calado social en tiempos recientes, como la inhumanidad del mundo laboral y la extrema competitividadArcadia es una sátira exagerada y dramática en la que un parado acaba dejándose llevar por la desesperación para obtener un puesto de trabajo.

Edén al Oeste (2009)

Con idéntico tono desalentador, Edén al Oeste trata sobre la inmigración ilegal, protagonizada por una chica que llega a una lujosa playa buscando un destino mejor, en un infructuoso camino hacia París, tierra de oportunidad en un mundo cimentado sobre la desigualdad.

El capital (2012)

Retomando etapas de mayor gloria personal, Costa Gavras volvió a primera plana con un film nominado a la Concha de Oro en San Sebastián y situando el informatizado capitalismo salvaje en el punto de mira. Un retrato ameno y sin paliativos, de estilo desenfadado y directo, de la ambición desmedida y dispuesta a todo que subyace en las esferas ya asentadas en el poder.

Tras todo lo dicho, no resulta de extrañar que este director sea poco conocido fuera del ámbito más cinéfilo, cuando lo cierto es que sus denuncias deberían ser mayor objeto de difusión entre la población. Con los focos puestos en el cine de mayor entretenimiento y en realizadores más fácilmente manejables, al menos podemos decir que Costa Gavras ha cumplido sus objetivos: hacer que haya gente que vea sus cintas, le escuche, recapacite y se haga preguntas, y sobre todo, el no dejar indiferente a nadie.

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