Adrie Van der Poel. Yerno y padre

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Van der Poel

Mathieu Van der Poel, un diamante en el ciclocross

Este domingo 4 de febrero se disputará el campeonato del mundo de ciclocross. La última y más importante prueba de la especialidad, el colofón a la disciplina hermana, al yang invernal del ciclismo. Como se ha venido demostrando en los últimos tiempos, será un duelo cerrado entre el holandés Mathieu Van der Poel y el belga Wout Van Aert, quienes llevan dominando la disciplina desde el mundial del 2015: Fue en esa edición en la que ambos irrumpieron con gran descaro para finiquitar a las generaciones anteriores comandadas por el mito belga Sven Nijs que acabó en aquella ocasión a tres minutos del ganador. Al año siguiente fue Van Aert quien se impusó al holandés. El año pasado, Mathieu Van der Poel comandó prácticamente toda la carrera pero cedió finalmente ante Van Aert por culpa de los pinchazos y del demoledor empuje del belga en las últimas vueltas.

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Van Aert, Van der Poel y Van der Haar

Pero volvamos al 2015, en aquella edición la media de edad del podio resultó ser más joven que la de la carrera sub 23 (Van der Poel, 20. Van Aert, 20. Van der Haar,24). Cuando Mathieu Van der Poel atravesó victorioso la meta, las lágrimas se mezclaron con el barro de su cara, quién sabe si detrás de ese llanto catártico estaba su padre, porque el joven Mathieu había conseguido, a la primera de cambio, la carrera que su padre había estado persiguiendo toda su vida.

Adrie Van der Poel.

El padre de Mathieu, (n. 1959) fue un ciclista profesional que desarrolló su carrera en las décadas de los 80 y 90. Debutó como profesional en 1981 donde ya empezó a conseguir victorias de calidad en su año de debut: etapas en Paris-Niza y Dauphiné Libéré. En los años siguientes fue engordando su palmares con victorias de prestigio, donde supo aprovechar su punta de velocidad y su capacidad estratégica para leer las carreras: Campeonato de Zurich (1982), Clásica de San Sebastian (1985), Flecha Brabanzona (1985), Amstel Gold Race (1990) o Campeonato de Holanda en Ruta (1987), a las que hay que sumar dos victorias de etapa en el Tour de Francia (1987 y 1988). Y como broche a un palmarés sobresaliente, Adrie también atesora dos monumentos del ciclismo: la Lieje-Bastogne-Lieje de 1988, donde superó a Michel Dernies y al escocés Robert Millar, y el Tour de Flandes de 1986, donde batió a un Sean Kelly en estado de gracia, el rey irlandés había ganado dos sábados antes la Milan-San Remo y se impondría el domingo siguiente en la Paris-Roubaix, pero aquel día no pudo con el golpe de pedal de Adrie.

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Adrie en su versión primaveral.

Con los deberes hechos en la carretera, Adrie Van der Poel cada año miraba el ciclocross con mayor interés, hasta convertirse casi en una obsesión. El primer campeonato del mundo que corrió fue en 1985, en el circuito helado del estadio olímpico de Munich, quedó segundo, detrás del local Hans Peter Thaler. Tuvieron que pasar unos años para volver a correr la prueba, en 1988 volvió a quedar segundo tras Pascal Richard, que también corría en casa. El holandés no pudo contrarrestar la fuerza del suizo en un circuito impracticable por el barro. En 1989 se vio sorprendido por el belga Dany De Bie, pionero en saltar los obstáculos de madera sin bajarse de la bici, esta virguería técnica del belga de la coleta volvió a relegarle al segundo puesto. Al año siguiente, en el circuito de Getxo, sumó otro segundo puesto a pesar de ser el gran favorito. Un ataque en la penúltima vuelta del holandés Henk Baars maniató a Van der Poel que tuvo que correr de forma conservadora para no perjudicar los intereses de su coequipier y asegurar la victoria para el combinado holandés.

1991 parecía su año, el circuito era en su país y favorecía a sus características. Comandó toda la carrera junto al checo Radomir Simunek (1962-2010). Todo señalaba que el holandés impondría su punta de velocidad, pero finalmente el checo, cuyo hijo fue subcampeón del mundo en categoría sub23 en el 2005, se impuso en el sprint final ante la notoria frustración de Van der Poel.

La hija de Pou Pou.

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Corinne y Adrie no necesitaron diccionario en su primer encuentro.

Por aquel entonces ya estaba casado con Corinne Poulidor. Adrie y Corinne se conocieron en una discoteca de Martinica en 1987, durante las vacaciones invernales del primero. El flechazo fue inmediato y se casarían dos años más tarde. Corinne es la hija de Raymond Poulidor aka Pou Pou. El eterno segundón. Poulidor, acumuló 8 podios en el Tour de Francia en 14 participaciones y, pese a tenerlo tan cerca, nunca llegó a vestir un solo día el maillot amarillo. Primero Jacques Anquetil y luego Eddy Merckx le impidieron la victoria final en Le Grande Bouclé, lo cual no le impidió gozar del favor del público, que admiraba su carácter batallador, su simpatía y gentileza.

Adrie Van der Poel contaba sus cinco participaciones en los mundiales ciclocross con segundos puestos; los últimos cuatro, consecutivos. La prensa comenzó a señalarlo como el yerno heredero del rol de eterno segundón. La sombra de Poulidor comenzó a ser larga a partir de esos años y la estrella parecía apagarse ante la maldición de su suegro.

En 1992 fue medalle de bronce pero sin opciones reales de disputar la victoria. Después, dos quintos puestos (1993 y 94) y un cuarto puesto (1995). Seguía estando en los puestos de honor pero a estas alturas Richard Groenendal ya le había sustituido como primera lanza del combinado holandés. Parecía que eran sus últimos momentos en el deporte y que las alegrías llegaban ahora en el terreno personal, con el nacimiento de sus hijos: David Van der Poel (también ciclocrossista de élite, actualmente ocupa el puesto 11 en el ranking mundial)en 1992 y Mathieu en 1995.

Así entró en el año de 1996. El campeonato se disputaba esta vez en el circuito helado de Montrieul (Francia). Fue una carrera rapidísima (28,84 km/h), abierta y plena de emoción. En el último giro entraron agrupados hasta diez corredores con opción a la victoria. Entre ellos Adrie, dispuesto a vender cara su piel. Tras la salida de los obstáculos Daniele Pontoni marra al calar el pie en el pedal y Van der Poel aprovecha el repecho para lanzar un demarraje de órdago, solo le aguanta otro italiano, Luca Bramati

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Van der Poel insiste, Bramati aguanta, Pontoni remonta. Cuando salen de la pista hacia el tramo final de asfalto, Pontoni consigue enlazar con el dúo de cabeza. Atrapado en la tenaza italiana las posibilidades de Adrie parecen ser mínimas, sin embargo el rubio holandés aprieta los dientes y lanza un poderosísimo sprint , a la postre definitivo. La celebración al cruzar la línea fue lo suficientemente gráfica: con 37 años, por fin había logrado su sueño. Su hijo Mathieu apenas tenía un año de edad.

2018

Volvamos al mundial de ciclocross de este fin de semana. A pesar de la incuestionable calidad de Wout Van Aert, todo lo que no sea una victoria de Mathieu Van der Poel en la prueba del domingo, será una mayúscula sorpresa. Basta con repasar los titulares que ha ido acumulando en el portal ciclo21, en el transcurrir de las pruebas de la Copa del mundo de esta temporada: Iowa. Van der Poel domina. Waterloo. Van der Poel, intratable. Koksijde. Van der Poel humilla a sus rivales. Van der Poel histórico en Zeven. Heusden-Zolder. Van der Poel, imbatible. Nommay. Van der Poel ya lo tiene todo. Hoogerheide. Van der Poel, insultante.

No obstante, el ser el indiscutible favorito, sumado a la presión de correr en casa, se puede volver en una arma en su contra. Pero todo esto ya lo sabrá de boca de su propio padre.

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Mathieu y Wout, un duelo que llena ríos de tinta.

Sea lo que fuere, la expectación por ver la progresión de Mathieu es máxima. Él afirma que su sueño más próximo es ganar la prueba de mountain bike en las Olimpiadas de Tokio 2020. Pero la comunidad ciclista ansía verle dar el salto a la carretera, muchos especulan que está destinado a disputarle las clásicas al increible Peter Sagan. Pero quien ha ido más lejos ha sido su abuelo, Poulidor ha afirmado con orgullo que su nieto “es un ciclista del calibre de Merckx”.

Pou Pou por fin en el puesto más alto del cajón.

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