6 Razones para odiar el Hype (y aborrecer el cine de superhéroes)

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Hype y superhéroes

EL HYPE ES UNA PRODUCCIÓN ARTIFICIAL DE ENTUSIASMO

El hype es el azúcar que las grandes corporaciones del aleccionamiento entretenimiento utilizan para mantenernos adictos a sus productos, a su imagen y a su cuenta de resultados. No lo inventaron ellas.

El hype – y por extensión los superhéroes, sus últimos heraldos – siempre han estado ahí en algún grado pero…

NUNCA COMO AHORA EL HYPE HABÍA MANIPULADO TAN PROFUNDAMENTE

los gustos del público hasta convertirlo en una masa de fans acríticos, disimulado la falta de creatividad y alterado el paisaje del entretenimiento hasta despojarlo de cualquier propuesta con personalidad propia.

Desde la incepción del moderno blockbuster veraniego en los 70 hasta la transformación de Disney en el Anillo Único que compra y ata a casi todas las opciones de entretenimiento en sus conservadoras tinieblas el superhéroe en sus diversas formas se ha convertido a pasitos en el protagonista omnipresente de todas las pantallas y señor absoluto del hype del siglo XXI. Y esto, en una época en que ya no somos lo que comemos ni el trabajo que hacemos, sino que definimos nuestras identidades en base a nuestras aficiones y los relatos que preferimos atender, tiene consecuencias tan profundas que la frase “pues a mí me gusta” es de hecho negacionismo pop.

Estas son las seis razones por las que el hype y sus modernos emisarios, los superhéroes, me parecen un problema:

1. DI NO A LA DEMOCRACIA

El superhéroe replica un modelo narrativo antiquísimo (El Elegido) propio de sociedades aristocráticas y no democráticas – the force runs strong in your familyaunque no pueda hacerte buen actor.

Porque nadie puede ser Harry Potter por mucho que estudies en la escuela de magia, si no tenías los padres correctos. Si vienes de Krypton eres un dios, o (no) puedes ser el afortunado sujeto de un experimento único, suerte que te picó la araña. Hereda un hedge fund y fabrica juguetes icónicos con los que disimular que eres un fascista enmascarado.

Ese relato, como hacen todas las historias, permea nuestra visión de la realidad y frente a individuos comunes que le echan valor a sus aventuras (gracias Miyazaki, gracias Hitchcock por darnos personas normales que hacen cosas extraordinarias) aquí tenemos individuos que heredan facultades mágicas o a las que la providencia el destino elige para que nos salve a todos. ¡Larga vida al rey!

2. ¡MÁS MADERA!

El hype necesita de la hipérbole para seguir funcionando. Tal como el adicto a las drogas sabe que necesita una dosis cada vez mayor para sentir el mismo efecto el mercado los fans necesitan una hipérbole cada vez mayor para que la oxitocina pop se sienta igual. Así que un superhéroe ya no basta, hay que hacer batallas con decenas de ellos. Esta huida hacia delante no produce mejores historias, sólo aumenta el número de set pieces que la habitan. Es decir, son la misma comida, pero con más azúcar. Entre tanto nuestro paladar se arruina un poco más cada vez – sí, el gusto no está en los genes, el gusto se educa – hasta que sólo podamos distinguir dos sabores: dulce humor familiar, y barbacoa de acción CGI.

3. NO HAY DINERO PARA MÁS

Por lo visto arriba, el hype es caro, muy caro. Hacer reales a esos superhéroes y venderlos con meses y hasta años de anticipación cuesta cientos de millones. Como resultado se reduce hasta la inexistencia cualquier producción que no alimente a la bestia del hype. No más películas medianas, no más nuevos artistas, no riesgos, no originalidad, no nuevos mundos. En nuestra época Regreso al Futuro (¿una historia donde un clase media casi se acuesta con su madre?) no se podría haber hecho. Nada de David Lynch, no Carpenter, no Sergio Leone, ni siquiera Blade Runner. El corazón de nuestros “clásicos” no podría existir porque necesitamos más “Iron Man 3”. No vale argumentar que nadie nos obliga a ver estas películas cuando prácticamente no se estrena otra cosa.

4. YA LO DECÍA ALAN MOORE

Como la excelente The Boys intenta advertirnos el problema no es el mundo de los superhéroes, sino el nuestro. Llamemos a la corporación Vought, o Disney, estamos poniendo nuestra adoración en el lugar incorrecto. La pulsión autoritaria que esconden estos personajes (como ya explorara Alan Moore) y que manifiesta la empresa que los acoge nos habla de la necesidad de otras historias, otros personajes, otros sabores por la salud de nuestra ficción y de la vida real que alimentamos con aquélla.

5. NOSOTROS Y ELLOS

El hype es la expresión última de la cultura pop. Atrofia nuestra capacidad para equilibrar conceptos (calidad, ambición, técnica, construcción de personajes, diálogos, belleza, expresión, estética, mensaje, etc.) a favor de una sola: el gusto. En lugar de espectadores que disfrutan cada obra por lo que cada obra merita el hype nos convierte en miembros de la tribu de Star Wars o The Avengers dispuestos a seguir a nuestro equipo de fútbol grupo de héroes, aunque la película sea más plana que Bélgica y maldecir a los árbitros las opiniones disidentes porque son Los Otros.

6. BABY FANS

El hype nos infantiliza hasta el punto que ya no necesitamos que la película tenga elementos para los adultos y elementos para los niños para que los padres no se aburran frente a la pantalla. Todos son para niños y la narración se convierte en memes de filosofía escolar (“trabajemos juntos”, “acepta que eres un líder”, “cree en ti mismo”). Estos memes valen para todos los superhéroes porque todos son el mismo personaje. Es la misma historia, sólo que con más CGI cada verano. Cuando el niño de 12 años y su padre de 40 se divierten por igual con una misma historia, uno de los dos necesita un poco de atención. O un reboot. Otra vez.

hype

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