2001 A Space Odyssey: ¿qué significan los monolitos negros?

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2001 Una Odisea en el espacio - El significado de los monolitos

2001 – EL SIGNIFICADO DE LOS MONOLITOS NEGROS

No creo que os esté descubriendo América si apunto a que el norteamericano Stanley Kubrick es uno de los directores más aclamados de la historia. La Naranja Mecánica, El Resplandor, Full Metal Jacket…parece que todo lo que toca este hombre se convierte en obra de culto. Lo mismo sucedió, cómo no, con “ 2001 A Space Odyssey” ( 2001 : Una Odisea espacial”).

Se ha especulado durante años sobre el significado, interpretación, alegoría, etc, de diversas partes del argumento de 2001 (y a día de hoy, hay quien se sigue sacando teorías e interpretaciones de la manga). Aquí no os voy a ofrecer una crítica o análisis de la película, (idos aquí) sino una breve explicación del significado de uno de los elementos más confusos: los monolitos negros. Por supuesto, si no habéis visto la película y tenéis intención de hacerlo, no debéis continuar.

Aclarado esto, vayamos al grano.

2001: UNA HISTORIA DE HUMANOS Y HUMANIDAD

El primer monolito aparece junto a los primeros homínidos. Más allá de la belleza exótica y primitiva de esta parte, encontramos la clave de todo el argumento general de la obra. Recapitulemos: una tribu de hombres de las cavernas queda desterrada de una zona con acceso fácil a la suculenta agua. Ante esa tribu, se les aparece un monolito de buena mañana, venido de a saber dónde. El efecto de ese encuentro hace que los simios aprendan a usar herramientas básicas. De esta forma, no sería descabellado pensar que el monolito es un interruptor que mejora la inteligencia humana, de alguna forma. El grupo de homínidos con inteligencia consigue sobrevivir, y la selección natural hace el resto, así que la descendencia humana es aquella cuyos ancestros más lejanos tuvieron contacto con el monolito.

Es muy posible que este haya sido colocado en los distintos puntos de la historia por una raza superior alienígena que no se ve a lo largo de la película. Detalle importante: cuando el homínido aprende a usar la herramienta, suena la canción “Así Habló Zarathustra” de Strauss (más adelante veremos por qué).

El segundo monolito es un centinela. Aparece en la luna ante un grupo de investigadores humanos. Se “activa” un sonido extraño cuando es descubierto. Funciona a modo de alarma, de señal. El ser humano había comenzado a usar herramientas para cargarse a monos, y ha acabado usándolas para dar los primeros pasos en el espacio. Es una llamada al sujeto que trajo los monolitos, para que se percate de que empiezan a desarrollar técnicas y conocimiento.

El tercer monolito aparece tras la trama de los cosmonautas que batallan contra el ordenador HAL-9000, la supercomputadora que decide priorizar la misión de la nave Discovery antes que la vida de sus tripulantes. Es la parte más popular de la película, y no en vano, ha recibido incluso una parodia de Los Simpson. Nuestro cosmonauta protagonista consigue derrotar, ante todo pronóstico, a la herramienta suprema, al supercomputador. El humano ha llegado tan lejos que puede crear herramientas más inteligentes que él mismo, pero continúa siendo el más valiente y audaz, lo que le permite superar a la máquina incluso en inferioridad de condiciones. Es entonces cuando aparece el tercer monolito, que hace de nexo entre el mundo humano y una dimensión alternativa.

Bowman, el cosmonauta, es transportado a un lugar alternativo y metafórico donde el tiempo y el espacio carecen de sentido alguno. Se produce una metamorfosis en la que el hombre que representa la más avanzada humanidad, perece.

Cuando esto sucede aparece el cuarto monolito, la puerta a las estrellas. Bowman “muere” o sucumbe ante el poder de esta, y vemos en pantalla un feto grisáceo que puede viajar a través de las estrellas, y que escapa de la dimensión. Se queda mirando la Tierra con la curiosidad que caracteriza a la especie humana, una nueva inocencia originada por una nueva evolución, y a pesar todo, igualmente, curioso y expectante ante lo que le rodea. Entonces suena “Así Habló Zarathustra”, de nuevo, un guiño a la filosofía nietzscheana. Esa es la clave que nos da a entender la última metamorfosis: al igual que el homínido que consigue usar la herramienta es la superación de sí mismo, el último hombre…se transforma en superhombre. Consigue superar sus propios valores, su propio ser. Tan incomprensible es para nosotros el paso de la nave a las estrellas, al progreso dimensional, como para los primeros homínidos el hecho de que el ser humano pueda salir de su planeta y pisar la luna. Así de curiosa y demoledora es la ausencia de conocimiento.

Bowman se ha transformado, pues, en el siguiente escalafón evolutivo: supera las barreras mentales y físicas del ser humano para transformarse en algo más. ¿Exactamente en qué? Es difícil de determinar, ya que la película finaliza al suceder esto. El superhombre (superbebé, al parecer) apenas aparece durante varios segundos.

Los monolitos, son, pues, las puertas que catapultan a la humanidad hacia su propia superación, para alcanzar un estado de grandeza interdimensional. ¿Cuál es el objetivo de los aliens que quieren esto? No se sabe con certeza, esa interpretación depende de lo personal (hay quien argumenta que están experimentando). Pero lo que está claro, es que con un poco de lógica, el elemento negro posee una explicación más sencilla de lo que pueda parecer en un primer visionado.

A modo de nota final: es recomendable leer El Centinela de Arthur C. Clarke para tener una idea más aproximada de lo que significa, en particular, el segundo monolito; el guardián.

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